Una nueva amenaza para la salud mundial pone en jaque a la OMS

Editor Yasmel Bueno

La escasez de vacunas, un brote epidémico de fiebre amarilla en Angola y la concentración de esfuerzos en la crisis de zika coge con el pie cambiado a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En menos de dos años, la Organización Mundial de la Salud ha tenido que enfrentarse a dos crisis sanitarias sin precedentes en la historia reciente. La pandemia del ébola que azotó principalmente a África y la infección del zika, que incide especialmente en América Latina, han supuesto un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades internacionales.

La enfermedad provocada por el virus zika, que pudo pasar inicialmente desapercibida, habría provocado además un problema mayor. Y es que una nueva amenaza sanitaria se cierne sobre el planeta, según publican expertos de la Universidad Georgetown en la revista JAMA.

Los especialistas señalan que la fiebre amarilla, que ha provocado más de 2.000 casos y 258 muertes en Angola, se está convirtiendo en la última emergencia sanitaria global. Además del brote epidémico surgido en el sur del continente africano, Daniel Lucey y Lawrence O. Gostin alertan en su tribuna en JAMA Viewpoint sobre la escasez de vacunas frente a esta enfermedad. Como recogía hace unas semanas New York Times, los casos de fiebre amarilla no sólo están afectando a Angola, sino que también están demostrando la ineficacia de la OMS de luchar de forma simultánea contra dos epidemias provocadas por un mosquito.

Los peligros sobre la fiebre amarilla, la “amenaza fantasma” que podría estar pasando desapercibida por la crisis del zika, han saltado desde África hasta Asia. En ese sentido, el programa Pro-MED, de la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas, ya alertó sobre que esta enfermedad vírica aguda se estaba extendida por la República Democrática del Congo, Kenia, Mauritania e incluso había llegado a China.

El mismo servicio predijo hace casi un año que el zika cobraría especial relevancia en América Latina. Y es que, aunque la fiebre amarilla circula normalmente en monos y los brotes en humanos se concentran en zonas rurales, hace unos meses la infección dio el salto a Luanda, la capital de Angola que cuenta con más de seis millones de habitantes.

La fiebre amarilla se transmite por mosquitos de la especie Aedes aegypti, al igual que el zika, el dengue o el chikunguya. El hecho de que estos mosquitos estén activos en Latinoamérica transmitiendo síndromes como el dengue o el zika y que la OMS se haya quedado sin suministros suficientes de vacunas contra la infección preocupa mucho a las autoridades.

Como señalaba John Woodall, virólogo jubilado y cofundador del programa de enfermedades emergentes, “se dan las condiciones para que se cree una tormenta perfecta”. Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos también elevaron sus recomendaciones al nivel 2 de alerta, recomendando a la población que se vacunase frente a la fiebre amarilla antes de viajar a las regiones afectadas. La entidad gubernamental aconseja además tomar precauciones frente a las picaduras de mosquitos.

De acuerdo a análisis recientes dados a conocer por la Organización Mundial de la Salud, cada año se dan entre 84.000 y 170.000 casos de fiebre amarilla, que provocan la muerte de más de 60.000 personas. A día de hoy no existen tratamientos efectivos contra el virus que provoca esta enfermedad, por lo que la prevención de dicha infección se basa en las campañas de vacunación y en el control de las picaduras de mosquito.

El problema es que la OMS ha enviado los más de nueve millones de dosis de vacunas con los que contaban, y aún queda por inmunizar a más de quince millones de individuos en Angola. El riesgo de que la amenaza se convierta en emergencia sanitaria global es real, lo que ha llevado a los expertos de Georgetown a pedir una “actuación proactiva” de las autoridades para frenar el brote epidémico y contar con más vacunas.

Por ello los especialistas solicitan a la OMS que cree un panel encargado de vigilar crisis como esta, sin depender en exclusiva de la dirección general de la institución. Medidas como ésta podrían ayudar en el control de una enfermedad detectada hasta el momento en 34 países del África subsahariana y 13 estados de América Latina. AGENCIAS

 

Los comentarios están cerrados.

últimas noticias
Guatemala: 16 años de prisión por corrupción al expresidente Otto Pérez Molina