Entre lo malo, lo peor y lo venidero

Adames
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Por Mel Adames

De acuerdo a la letra de un viejo merengue dominicano, a uno no le queda sino preguntar: ¿En qué parará la cosa — caballero?

Por un lado están aquellos que todavía sueñan con días mejores. Estos últimos, imbuidos por quimeras que les han sido infundidas ya sea por aspiraciones de carácter utópico, o por erróneas y torcidas interpretaciones de corte religioso, parecen estar convencidos de que no hay mal que dure cien años.

Otros — a los que muchos tildarán de pesimistas — se inclinaran hacia la esfera de lo macabro y lúgubre. Los que así piensan, temen que la civilización en general — Oriente y Occidente — están a punto de sucumbir.

Lo que asusta a este último grupo, es la preocupación en cuanto a cuál sistema reemplazará al actual estado de cosas, en caso de que ocurra la hecatombe que nadie espera.

Mientras unos esperan algún desenlace auspicioso, otros prácticamente han colgado los guantes. Los unos temen que el descalabro pudiera ser inminente, los segundos esperan aun una Época Dorada.

Aunque existen en realidad dos grupos, la interpretación en cuanto a lo que realmente pudiera ocurrir, les escapa a ambos.

La Biblia dice que en los últimos días, Los hombres malos e impostores irán de mal en peor. La Biblia también nos consuela diciendo, que si los días no fueran acortados, nadie seria salvo. [1][2].

La condición de pecado que diera brote en el Edén, aun espera su total Redención, y antes de que esta Redención tome efecto en su totalidad, el espíritu de la gente desfallecerá, en espera de las cosas que aun estar por ocurrir, y aun la misma Creación continuará gimiendo, esperando hasta que la Redención llegue a ser total —y final. [3][4].

La mejor postura ante tanto desasosiego, maldad e iniquidad, es refugiarse en los brazos siempre abiertos del Dios creador de todas las cosas.

Si en el principio la tierra estaba desordenada y vacía, eso quiere decir que la Redención Total, la cual Dios ha prometido, no podrá ser posible hasta que la tierra sea re-organizada y que el planeta mismo sea lleno del Conocimiento de Jehová — como las aguas llenan el mar. [4].

Aquellos quienes en un tiempo u otro se han ocupado en realizar alguna tarea de re-organización — hogareña, empresarial, o emocional — entenderán que al momento de re-organizar las cosas, muchas tienen que ser echadas a la basura, y otras que deben ser incorporadas para el Nuevo Estado de Cosas, deben ser añadidas, para que todo tenga un nuevo aspecto.

Ese Nuevo Estado de Cosas, constituye la Ulterior Promesa formulada por un Dios que está sentado, pero que no está callado. [5].

Pero, según su promesa — escribe el apóstol Pedro en el Nuevo Testamento — nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. [6].

En ese Nuevo Estado de Cosas, enjugará Dios toda lágrima,,,y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. [7].

En el Antiguo Testamento, el profeta Isaías se hace eco de las palabras de Dios mismo en cuanto a este Estado Ulterior: Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria. [8].

Pero, eso sí: una espeluznante re-organización habrá de tomar lugar, antes de que el Edén pueda ser restaurado.

Y eso quiere decir que habrá mucho revuelo en ambos, el mundo físico, y el mundo espiritual.

NOTAS:

  • Timoteo 3:13
  • San Mateo 24:22
  • San Lucas 21:26
  • Habacuc 2:14
  • Isaías 40:22
  • Pedro 3:13
  • Apocalipsis 21:4
  • Isaías 65:17

 

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