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En la Policía Nacional hay una especie de rebelión contra la plana mayor de esa institución. Ni la nueva ley de la policía ni los anuncios de un incremento de 3 mil millones de pesos en el presupuesto para seguridad ciudadana ha calmado la rebelión de los grises.
El descontento es tal que ha llevado a varios miembros de la Policía Nacional a utilizar las redes sociales para manifestar sus exigencias de mejores condiciones de vida y trabajo.
La denuncia de un segundo teniente de la uniformada donde expresaba que sus superiores lo obligaban a cuidar puntos de drogas y los abusos a que supuestamente era sometido en esa institución, ha acaparado la atención de la sociedad.
A eso hay que agregarle un movimiento de familiares, policías activos y ex agentes de la institución que con marchas hacia el Palacio Nacional y el Congreso exigen mejor trato de la cúpula de ese organismo y aumento de sueldos.
Para nadie es un secreto el descontento que hay con la nueva ley de reforma policial, lo que llevado a cientos de miembros de la policía a pedir su baja.
Esa rebelión hay que pararla ya, dándole la seriedad que merece, porque si esto sigue como va eso se podría extender a otros institutos armados del país.
A los estrategas del Gobierno que recuerden el mal rato que paso el presidente Rafael Correa cuando no supo manejar correctamente una protesta salarial de parte de la policía Ecuatoriana y el rechazo a una ley aprobada por la Asamblea Nacional de ese país.
Lo peor es que el Congreso pide disciplina en la Policía. Qué lejos están de la solución. Queremos cerrar este editorial con un refrán popular que señala; “el horno no está para galletitas” y sin resolver la parte económica no se parará jamás la delincuencia.





