Tomado de AFP
Encaramados en los techos de uno de los zocos históricos de Alepo, muy dañado por cuatro años de guerra, varios hombres lanzan escombros a un patio mientras, desde abajo, los comerciantes supervisan la tarea, impacientes por volver al trabajo.
Su objetivo es hacer revivir este mercado cubierto, incluido en la lista del patrimonio mundial de la Unesco y que durante siglos ha sido uno de los corazones de la ciudad.
Sin embargo, desde 2011, cuando empezó el conflicto en Siria, se ha convertido en un frente de la batalla entre las fuerzas del régimen y los rebeldes.
“Me puse muy contento cuando vi que mi tienda seguía en pie entre los escombros a pesar de algunos daños”, explicó Antoun Baqqal, de 66 años, un comerciante del zoco Khan Khayr Beyk, en la ciudad vieja, donde muchos zocos han sido destruidos.
En el interior del edifico de dos plantas sólo las fachadas están muy dañadas. El resto está más o menos bien conservado, sobre todo en comparación con otros zocos de la ciudad que, igual que otras joyas del patrimonio sirio, no sobrevivieron al conflicto.
“Envié fotos a mis amigos comerciantes para animarles a que vuelvan”, dijo Baqqal.
Durante los combates de Alepo, que terminaron en diciembre con la reconquista de la parte oriental de la ciudad por parte del régimen tras cuatro años de lucha, “los soldados [del ejército sirio] dormían en las tiendas”, explica.
Ahora que han callado las armas, Antoun Baqqal quiere relanzar el comercio de ropa que heredó de su padre. Cuenta que cuando volvió encontró una foto suya en el suelo, le sacó el polvo y la colgó en la pared.
“Voy a ponerlo todo en orden para que mi hijo pueda retomar el negocio. Un día también podrá colgar mi foto al lado de la de mi padre y acordarse de mi con afecto”, espera.
– Negocio familiar –
En el patio del zoco, Zakaria Aziza, de 55 años, enseña su teléfono portátil con fotos de comercios de su propiedad. Son imágenes de antes de la guerra, muy distintas de lo que ahora tiene ante los ojos.
“El zoco estaba lleno de mercancías, a penas se podía andar de la gente que había” recuerda. “Hoy casi tampoco se puede andar pero por culpa de los escombros”.
En medio de las ruinas sobrevive un limonero y una morera así como una caja fuerte oxidada y un gran refrigerador blanco.
Tirando de una cuerda, dos jóvenes consiguen arrastrar una pila de escombros para ponerlos en una pila.
Las autoridades prometieron recoger los sacos de escombros y ayudar a poner de nuevo en pie el mercado pero según Aziza se necesitará como mínimo un año.
No muy lejos de allí, sentado en un viejo sofá rojo, su sobrino Mazen descansa tras haber bajado del techo, donde ayuda en las tareas de limpieza.
Este hombre de 35 años, nacido en Alepo, cuenta cómo de pequeño jugaba en el zoco. “Para la familia es como una casa”, dice.
Pero los años de bombardeos han dejado marcas negras en las paredes, donde el sol continúa entrando a pesar de todo a través del techo abovedado.
En la entrada del edificio Mohamed Nur Mimi, de 60 años, busca instrumentos de música entre el polvo.
Durante los años de guerra conservó la llave que abre la enorme puerta de madera del mercado cubierto y ahora espera que los demás comerciantes también volverán.
“Abra o no de nuevo, los comerciantes volverán al zoco para charlar tomando un café y un narguilé”, asegura.



