El Mundo
El mundo de la tecnología gira hoy en día en torno a móviles, tablets, relojes inteligentes, drones y coches que se conducen sólos, pero resulta que hay otros muchos dispositivos que pueden mejorar mucho si se invierte algo de tiempo y se replantean las convenciones que llevan décadas impuestas.
Por ejemplo, las lavadoras. Resulta que Samsung, mundialmente reconocida por sus móviles, relojes, televisores y otros dispositivos punteros, ha conseguido reducir el tiempo que duran los programas completos de estos electrodomésticos.
La compañía coreana no intenta competir con el sentido aspiracional y de adoración de los iPhone, con los paneles OLED de los televisores OLED, con los relojes inteligentes de Fitbit ni contra las muchas marcas chinas que intentan romper con su predominancia en el mundo de la telefonía Android. Por una vez, han intentado ser los reyes de algo mucho más analógico: los tambores de lavadora.
Aquí es donde entra en juego una nueva tecnología llamada Q-Drive, una especie de ‘doble centrifugado’ que mueve el agua direcciones opuestas dentro del tambor y que permite limpiar la suciedad de las prendas en menos tiempo. Todo esto, sin dañar la ropa, manteniendo el mismo consumo de detergente y suavizante y, obvio, gastando menos electricidad.
Al lado de un móvil con todo pantalla, con una batería inmensa, unas cámaras que capturan la realidad como ojos, esto puede parecer menos útil a priori; pero sé de mucha gente (yo mismo, millennial de la vida) a las que poder poner la lavadora cuando salen del trabajo a través de una aplicación y con un programa que termina justo cuando están entrando por el quicio de la puerta de sus casas les mejora la vida tanto como poder ver la final de OT en el metro.

Lavando a toda leche
Esto es lo que consigue la tecnología Q-Drive, que se suma a otras herramientas que ya ha implementado Samsung en este apartado de su gama blanca: integrar secadora y lavadora en un mismo producto, poder echar toda la botella de detergente y suavizante en la lavadora para olvidarse de hacerlo, que el propio cacharro gestione mediante sensores qué tejido se está lavando, cómo de sucio está y cuánto tiempo tiene que estar lavando y con cuanta cantidad de químicos… Y un largo etcétera, la verdad.
De estos pequeños detalles, uno que me ha alucinado es la ventanita de las puertas de muchos de los modelos de lavadora que, parando previamente la lavadora, permiten meter nuevas prendas sin parar el ciclo ni ponerlo todo perdido de agua. Una tontería, sí, pero algo que funciona.




