Con menos de seis años de vida, Snapchat es una aplicación de envío de mensajes y fotos que se autodestruyen al cabo de unos 10 segundos. Se puede enviar a varios usuarios a la vez o a uno solo. La reducida duración hace que el contenido que se envía sea muy diferente del de un correo electrónico o incluso un WhatsApp.
Snapchat sin embargo, tuvo muy malos resultados financieros el año pasado, una tendencia que ha roto recientemente batiendo récord de sus expectaciones. En el último cuarto de 2017 ganó 8,7 millones de usuarios contra un pronóstico de 6 millones. Además, con 285,7 millones de dólares de ingresos frente a los 253 que se habían pronosticado.
La idea es que se saca una foto, vídeo o nuevos formatos como el boomerang o el súperzoom y luego se le añaden filtros (capas de colores), dibujos, pegatinas o texto. Es una forma rápida y creativa de actualizar el contenido diario, y además solo duran 24 horas.
La semana pasada, durante el anuncio de las ganancias de Facebook, su CEO Mark Zuckerberg, declaró que Whatsapp e Instagram son las aplicaciones con más uso de las historias, y que estaban en el proceso debatir el récord de las noticias o el feed de Facebook, como el modo más común de compartir contenido a través de todas las redes sociales.
Frente a estos obstáculos Snap debe crecer. Por una parte, necesita añadir cuántos más usuarios a su aplicación. Así es como se convierte una aplicación mucho más atractiva para la publicidad. Sus actuales 8.9 millones son atractivos, pero tienen que mantenerse en los estándares del juego: Instagram tiene unos 800 millones en activo, una cifra que Facebook supera con creces. La publicidad, y por ello el número de usuarios es como sobreviven y destacan estas aplicaciones.



