Redacción Internacional.- Simeone había avisado y lo justo inventó en Rusia. Excepto Oblak y Griezmann, todos sus hombres importantes jugaron. A Moscú no habían ido de turismo. Salió el Lokomotiv como con prisa, con más prisa que en Madrid. Tampoco le quedaba otra. A cada minuto que pasaba le quedaba uno menos de vida en la Europa League, estos octavos se iban terminando. Enfrente, dos enemigos.
Uno invisible. El frío que se leía en las líneas rojas de su césped híbrido, por la nieve, los menos doce grados de sensación térmica. El frío colándose entre guantes, ropas, gorros, la ropa térmica. El frío que no sentía Gabi. Pantalón y manga corta. Sin guantes ni nada, sólo piel. Piel from Albacete. Siempre un grande, el capitán. El otro, visible: bastaba mirar al futbolista más adelantado del Lokomotiv. Farfán. Esta vez si jugaba. Esta vez Semin arriesgaba.
Los primeros minutos, sin embargo, el único disparo a puerta salió de las botas de Torres, titular junto a Correa. El Lokomotiv ahí seguía como jugando en Madrid: Werner, que volvía a jugar, sin trabajo. Los rusos podían tener más control, más presencia, pero al final siempre terminaba olvidándose de disparar a puerta. El Lokomotiv podía intentarlo. Pero siempre bronco, embarullado. Al ritmo del balón, que no corría, sobre ese césped alto, sin nieve, a cercos regu, a cercos fatal.
Y al barullo, Correa, capaz de subirle la temperatura hasta el invierno ruso. Agarró un balón en el centro del campo, pared con Koke y regate aquí, regate allá, se sacaba de la bota un disparo raso cruzado y ajustado al palo que era el primer gol del partido, el 0-4 en la eliminatoria. El Lokomotiv respondería en la jugada siguiente.
Y lo haría con ese enemigo visible de Semin, Farfán, que en el minuto 18 hacía aquello que el resto de sus compañeros no hicieron en el Metropolitano: testar de verdad a Werner. Buena parada del argentino, que no se había levantado del suelo y otra vez se veía obligado a volar para repeler otro disparo, ahora de Denisev. Y habría un tercero. Un disparo desde fuera del área de Rybus. Ese que entró. Werner, sin visibilidad, ése no pudo pararlo. Empate. 1-4 en la eliminatoria. Un resquicio a la esperanza rusa.




