Leer que Ryan Reynolds siente ansiedad puede dejar a más de uno perplejo. Es que su personaje más célebre, Deadpool, es todo lo contrario. Seguro de sí mismo, irreverente y poco correcto, la personalidad del antihéroe dista mucho de la del actor que la interpreta, que es, al fin y al cabo, una persona de carne y hueso como cualquiera de nosotros.
«Tengo ansiedad, siempre tuve ansiedad», expresó el actor que también interpretó a Green Lantern en una entrevista con The New York Times. «Tanto en el sentido más liviano de “Esto me pone ansioso” como en el lado más profundo y oscuro del espectro, que no tiene nada de divertido».
En la misma entrevista, Reynolds se refiere a su infancia en Canadá y a la complicada relación que tenía con su padre, al que describe como «el proveedor de estrés del hogar». Para evitar irritarlo, Reynolds, el menor de cuatro hermanos, intentaba evitar todo lo que pudiera molestarle. Así, el actor se obsesionaba por que la casa estuviera limpia y el jardín, prolijo.
«Me convertí en un pequeño micrománager», confiesa. «Cuando estresas a tus hijos, ocurre una paradoja extraña, porque de golpe empiezan a encargarse de cosas de las que no deberían hacerse cargo».
Pero el vínculo con su padre tuvo luces y sombras. El actor manifiesta que su progenitor jugó un papel esencial en su decisión de dedicarse a la comedia porque le presentó la obra de varios comediantes, a la vez que él mismo era un gran imitador.
También admite que gracias a estas experiencias sacó cualidades que tal vez no hubiese adquirido en el caso de crecer en un hogar libre de conflictos: aprendió a ser observador, a escuchar con cuidado y encarar la tragedia por medio del humor.




