España sobrevive a Cristiano Ronaldo

Envejecer Ronaldo juventud Champions AFP MEDIMA20180215 0083 31
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Cuando enfrente hay un jugador tan descomunal, el empate no es mala solución. Mirando de dónde venía España, el empate no es mala solución.

Cuando enfrente hay un jugador tan descomunal, el empate no es mala solución. Mirando de dónde venía España, el empate no es mala solución. No perder en el inicio de un Mundial no es mala solución. Casi todo lo que pasó en Sochi pudo ser mejor para España, pero también casi todo lo que pasó en Sochi pudo ser peor para España, indefensa ante un animal competitivo como Cristiano Ronaldo, ante un error grosero de su propio portero y ante un partido escabroso por lo acontecido en la concentración. Sale España viva, de pie, con el único regusto amargo de haber estado por delante a falta de cuatro minutos y ver cómo la última genialidad del portugués impedía un triunfo que hubiese disparado todos los indicadores relacionados con el buen estado de salud en España. Por delante están Irán y Marruecos, imposible a priori no pensar en octavos de final y teniendo que discutir el primer puesto, si todo transcurre con normalidad, a base de goles.

No hubo tiempo para el análisis de si Hierro mantuvo la idea que ya tenía Lopetegui de jugar con Nacho en el lugar de Odriozola, de Koke en lugar de Thiago y de Diego Costa en lugar de los otros dos. No hubo tiempo para analizar si Guedes y Bernardo Silva sirven más para correr o para tenerla. No hubo tiempo, en fin, de nada antes de que a una de esas caras nuevas se le pusiera mala (la cara, se entiende). Nacho se precipitó en una bicicleta de Cristiano en la esquina del área. El defensa metió la pierna, el portugués sintió el contacto y Rocchi lo tuvo clarísmo. Al haber contacto, no hubo lugar a VAR por mucho que los jugadores españoles lo reclamasen.

Era el minuto tres de partido y España, recién salida de un trauma colectivo en su concentración, recibía la primera bofetada del torneo. La sintió el equipo ya de Hierro, desnortado durante el primer cuarto de hora, sujeto a los contragolpes, con mucha mala leche, de Portugal. Fernando Santos apelmazó a todo su equipo en campo propio para cerrarle todas las líneas de pase al rival. Guedes y Cristiano, en cuanto les superaba la pelota, no iban tras ella. La esperaban de vuelta para salir pitando y poner en verdaderos aprietos a la zaga española, a la que le cuesta correr para atrás. Silva encontró un remate con la derecha poco después, pero la mandó muy arriba. España, temblorosa, tenía la pelota pero no sabía qué hacer con ella. Portugal, firme, no la tenía ni la quería más allá de las estampidas. Una de ellas la abortó Jordi Alba en el último instante.

España no fue capaz de volver al partido desde el juego. Lo hizo desde una de esas situaciones que se han ido incorporando ante la decrepitud de la época dorada. Diego Costa representa como pocas cosas la antítesis de la idea con la que pretende vivir el equipo español. A Costa le basta un balón en desventaja, una pelea con Pepe, al que hizo falta, y luego empezar a amagar por aquí, a amagar por allá, otra vez por aquí y otra vez por allá para ponerla dentro de la portería. Pareció Rocchi consultar a los hombres del VAR, que concluyeron que allí, en el salto entre Costa y Pepe, no había pasado nada, cuando la realidad es que sí pasó. Ese gol resucitó a España, liberada de repente de tantísima tensión. Inmediatamente después, un disparo de Isco se estrelló en el larguero y no terminó en gol por unos centímetros.

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