Un estudio sugiere que los sobrevivientes de un infarto que hacen rehabilitación cardiovascular vivirían más y serían menos propensos a volver al hospital que si no accedieran a esa terapia.
Estudios previos habían asociado a los programas de rehabilitación cardíaca médicamente supervisados para reducir el estrés, hacer ejercicio y cambiar los hábitos con una disminución de la mortalidad.
El nuevo estudio aporta más evidencia: los participantes de un programa de rehabilitación eran un 42 por ciento menos propensos a volver al hospital o morir en cinco años desde el alta que aquellos sin acceso al programa.
“Las tasas de sobrevida después (de un infarto) mejoraron en las tres últimas décadas”, dijo el coautor Enrico Fabris, de la Universidad de Trieste, Italia.
Explicó que, aunque gran parte se debe a una mayor disponibilidad de cirugías más modernas y efectivas para restablecer el flujo sanguíneo tras un infarto, los programas de rehabilitación también tendrían un papel clave en la prevención o el retraso del avance de la enfermedad cardíaca y la prevención de un segundo ataque.
Con su equipo revisó datos de 839 pacientes de alta de unidades de cuidados cardiovasculares con indicación de asistir a rehabilitación y de 411 pacientes de alta sin planes de rehabilitación cardíaca.
Todos habían recibido tratamiento hospitalario entre el 2009 y el 2010 después de un infarto o un procedimiento para restablecer el flujo sanguíneo al corazón. La mayoría era hombre y tenía 60 años.
A los 5,6 años, en promedio, el 6 por ciento de ambos grupos había muerto. Pero con rehabilitación, sólo el 15 por ciento volvió al hospital, versus el 27 por ciento sin la terapia, según publica European Heart Journal.
Un segundo análisis reveló que la mortalidad por todas las causas sería del 10 por ciento con la rehabilitación y del 19 por ciento sin la terapia. Y por causas cardiovasculares sería, respectivamente, del 2 y 7 por ciento.





