El Papa Francisco iniciará este sábado un viaje de 36 horas a Irlanda –uno de los países más sacudidos por los casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero-, justo cuando en los últimos días recrudecieron estos escándalos a partir de un espeluznante informe de la Justicia de Pensilvania y se alzan voces para que el pontífice tome medidas más contundentes para combatir el flagelo, sobre todo con los obispos que encubrieron esos delitos.
Si bien el motivo de la visita del Papa es presidir una nueva edición del Encuentro Mundial de las Familias, un evento trianual creado durante el pontificado de Juan Pablo II para promover una institución clave para la Iglesia, el caso de los abusos promete signar el viaje.
De hecho, se espera que Francisco se refiera a ellos en algunos de la media docena de discursos que pronunciará y que se reúna con un grupo de víctimas como lo admitió el Vaticano.
Cuando el Papa Francisco llegue este sábado a Irlanda 46 años después de la última visita pontificia, se encontrará con otro país.El masivo “Sí” al cambio de la octava enmienda en el referéndum que autoriza el aborto significó la mayor derrota cultural de la otrora poderosa iglesia católica en la isla Esmeralda y la denuncia de los abusos sexuales de sus sacerdotes, su más concluyente declinación y caída.
El poder de la iglesia católica, que controló durante años la moral y la vida de los irlandeses, ha sido claramente derrotado en la batalla.
La Nueva Irlanda es una sociedad secular, mixta por la ola migratoria, moderna, en paz, que se ha liberado del Vaticano y, al mismo tiempo, no lo ven como una amenaza. Los seculares van a ignorar o mirar con curiosidad antropológica a la visita papal y los católicos van a asistir al Encuentro Mundial de Familias, la razón de su estadía de 36 horas.
El paso más importante en el país ha sido la liberación de esa alianza entre el Estado y el catolicismo, que dominó las conductas oficiales desde la independencia de Gran Bretaña. Los obispos, curas y monjas no son más los árbitros de la república. Pero deberán hacerse cargo de los vulnerables y los piadosos en su misión de pastor pero no de policía de la moral pública. Sin abusarlos ni explotarlos como sucedió antes.
Loreto Martin fue una de sus víctimas. Comenzó a ser asaltada en 1998 por el ex cura pedófilo Brendan Smith. Le repetía que la “estaba salvando de los fuegos del infierno”. Ella respeta al Papa pero le exige “una investigación profunda para terminar con esa historia negra”.




