REDACCIÓN INTERNACIONAL.- La justicia peruana retomó este jueves una audiencia para decidir si manda a prisión preventiva a la líder opositora Keiko Fujimori, quien paralelamente lanzó una reestructuración en su monolítico partido, ahora sumido en una crisis interna.
La hija mayor del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) comparecía por tercer día ante el juez Richard Concepción Carhuancho por un pedido de la fiscalía de prisión preventiva por 36 meses, después de pasar una semana detenida por la misma causa a mediados de este mes.
Pero mientras la justicia amenaza la aspiración de Keiko de ser candidata presidencial por tercera vez en 2021, ella enfrenta una sorpresiva crisis dentro de su partido Fuerza Popular (derecha populista), que domina el Congreso peruano y fue el más votado en los comicios generales de 2011 y 2016.
Keiko, de 43 años, suspendió el miércoles los órganos directivos del partido, incluido el Comité Político, y designó en lugar de ellos a un “comité de emergencia” para enfrentar la crisis, que detonó en el peor momento para la poderosa líder opositora.
“En este período de transición, todas las funciones del Comité Político y del Comité Ejecutivo Nacional serán manejadas por el Comité de Emergencia. Sus miembros cumplirán también la función de voceros” de la bancada parlamentaria, anunció Keiko en Twitter.
Keiko ha manejado en forma autocrática al partido desde que lo fundó en 2011, sin tolerar ningún tipo de disidencia.
Sin contemplación marginó a su propio hermano menor Kenji e hizo que el Congreso lo despojara de su banca parlamentaria en junio, tras ser denunciado por un legislador leal a ella de un intento de comprar su voto. Ambos hermanos libran una guerra fratricida por el legado político de su padre.
En medio de esta crisis partidaria, Keiko adoptó un inusual tono conciliador, llamando el martes a la “paz y el reencuentro” con el gobierno, tras haber mantenido un sello beligerante desde la campaña de 2016, que perdió ante Pedro Pablo Kuczynski.
“Terminemos juntos esta guerra política reconociendo que todos hemos sido parte de ella”, declaró Keiko, quien no dio tregua a Kuczynski hasta forzarlo a renunciar a la presidencia en marzo pasado.
El desgaste causado por sus líos judiciales, sus disputas familiares y ser oposición obstruccionista, ya le pasó factura en las elecciones regionales y municipales del 7 de octubre, en las que el fujimorismo no ganó ninguna de las 25 gobernaciones ni alcaldías importantes.
El partido cosechó menos del 3% de votos, mientras que en las presidenciales de 2016 Keiko había obtenido 40%.




