Los karatecas que se proclamen campeones olímpicos dentro de 17 meses en Tokio pueden ser los primeros y los únicos, si el paso de este deporte por los Juegos es definitivamente flor de un día.

Más acostumbrados a los cambios están el béisbol y el sóftbol, deportes que se unieron en una única federación precisamente para facilitar su admisión en el programa de los Juegos, con un torneo masculino y otro femenino, respectivamente.

El béisbol debutó en los Juegos de Barcelona de 1992, mientras que el sóftbol se estrenó en los de Atlanta’96. Ambas disciplinas se disputaron también en Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008, antes de ser retiradas. Tokio 2020 supondrá un nuevo hola y adiós.

La imposibilidad de contar durante la quincena olímpica con los jugadores de las ligas profesionales, la cuota de 234 deportistas prevista para Tokio y la necesidad de un estadio propio son las consideraciones que han condicionado la entrada definitiva del béisbol en los Juegos.

Pese al varapalo que supone la decisión ahora conocida, los peloteros tienen al menos la esperanza fundada de que Los Ángeles, ciudad organizadora de la edición de 2032, sí les incluya en su programa.

El surf, la escalada y el monopatín, por el contrario, superan la criba de París 2024 y prolongarán su vida olímpica al menos un ciclo más. Otros deportes que llamaban con insistencia a la puerta, como el squash (con el apoyo activo del tenista Roger Federer) y la petanca, no podrán aún ni intentarlo