OYE MULTITUD - En la Cruz del Arrepentimiento

Por: Claudia Hernández

Toda conversación genuina es impactante. Jamás se vuelve a ser igual. El Señor le dijo a Zaqueo hoy es necesario que pose yo en tu casa.

Lejos estaba Zaqueo de saber que después de aquella mañana, el siendo injusto se habría de encontrar con la justicia; el siendo ladrón se habría de encontrar con el dador de vida eterna.

A pedro le dijo desde hoy todos tus valores, todas tus prioridades por todo lo que has soñado, vivido y trabaja cambiará radicalmente-desde hoy serás pescador de hombres.

A Saulo le dijo, Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues? Saulo tanto me celas, sin embargo no me conoces; tantas letras estudias, sin embargo, persigues al verbo de Dios; tanto argumentas en mi nombre, sin embargo no entiendes que yo soy Santo, el alpha y la omega el principio y el fin.

Hay algo diferente en la conversación de este hombre. Zaqueo se convirtió al que resucitaba los muertos y echaba fuera los demonios con tan solo decir la palabra.

Pedro se convirtió al Maestro con palabra de Vida. Al mesias, al Salvador del mundo, al hombre que hablaba como ningún otro hombre había hablado jamás.

Saulo vio el resplandor de su gloria, pero este hombre cuando alzó sus ojos vio a un hombre colgado de un madero, sus manos traspasadas por clavos, su rostro desfigurado, un hombre que apenas tenía fuerzas para susurrar unas palabras. Mientras Zaqueo se subía a un árbol para verlo pasar, ahora Jesús era el espectáculo de todos los que al pasar meneaban sus cabezas y decían: a otros salvo y a el mismo no puede salvar.

Cuando Zaqueo hayó esto se encontraba gozando de prosperidad, agilidad y salud. Cuando Pedro creyó esto tenía a hombres bajo su mando.

Cuando Saulo creyó, gozaba de buena reputación y un alto lugar de honor en la sociedad.

Pero este ladrón moribundo estaba en agonizante dolor. Todos sus miembros estaban clavados.

Era un ser despreciable, derrotado, un nadie. Y quizas había escuchado que aquel hombre que se encontraba colgado a su lado, había comido con los publicanos, había sido rechazado por los fariseos y doctores de la ley, había venido a buscar no a la oveja engordada, sino a la perdida. O tal vez, fue que miró un poco más arriba, y creyó lo que leyó: este es el Rey de los Judios.

Mi espíritu se estremece cuando veo al despreciado ser recogido por Jesús, Al triste ser consolado por su Espíritu, al cansado y fatigado ser llevado en los brazos del Altisimo.

Por que al igual que el ladrón moribundo, muchos de nosotros tuvimos que ser crucificados por este mundo antes de voltear nuestra vista.

En mi cruz está la condenación Señor, pero en tu cruz está mi salvación. No importa cuánto haga en este mundo para crucificarme y acabar con mi vida, mientras tu te acuerdes de mi

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