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Tenista ucraniana se fuga del país, llega de forma segura a Francia

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Su padre había manejado desde su casa en Odessa, Ucrania, unas 150 millas al sur hasta Izmail, una ciudad más pequeña en el delta del Danubio. A lo largo de su trayecto a primera hora en la mañana el viernes, un día después de que Rusia invadió a Ucrania, ella vio la devastación que la guerra ya había causado. Humo, edificios convertidos en escombros, un silencio escalofriante.

La tenista profesional ucraniana Dayana Yastremska abrazo a su padre, lágrimas corriéndole por sus mejillas. Tenía que soltarse. Un pequeño bote aguardaba para llevársela a ella y a su hermana de 15 años, Ivanna.

Su padre había manejado desde su casa en Odessa, Ucrania, unas 150 millas al sur hasta Izmail, una ciudad más pequeña en el delta del Danubio. A lo largo de su trayecto a primera hora en la mañana el viernes, un día después de que Rusia invadió a Ucrania, ella vio la devastación que la guerra ya había causado. Humo, edificios convertidos en escombros, un silencio escalofriante.

Su padre estacionó el carro en Izmail, y la familia caminó los últimos cinco minutos al Puerto, al bote que llevaría a Dayana y su hermana a Romania. Su padre le dio un beso en la frente mientras ella se aferró a dos maletas, su vida entera empacada al azar en ellas.

“No sé cómo terminará esta guerra, pero tienen que cuidarse los unos a los otros, y esforzarse por sus sueños, construir su nueva vida y siempre estar juntas”, su padre le dijo a ella. “No se preocupen por nosotros, todo estará bien”.

En pantalones deportivos rosados que combinan, las hermanas se alejaron de sus padres, con sus maletas hacia el bote. Cuando rugió el motor del bote, ellas se despidieron con las manos vigorosamente de sus padres, del país que se vieron forzadas a abandonar, de todo lo que conocían como su hogar.

“¿Es una película o es de verdad?” Yastremska pensó una y otra vez.

Varios días antes, ella reía con su familia durante la cena y se preocupaba sobre su práctica al día siguiente. Hoy, ella no sabia si volvería a ver a su padre jamás. Hoy, ella no sabia si tendría un país donde regresar.

Ahora, Yastremska está segura en Lyon, Francia, y, pese al horror de los pasados días, ella tiene planes de competir en el Lyon Open a partir del lunes. La No. 121 del mundo, quien llegó a estar clasificada No. 21 en enero de 2020, ha ganado tres títulos WTA en su carrera.

Nueve mujeres ucranianas figuran entre las mejores 300 jugadoras del WTA Tour; tres hombres ucranianos están ranqueados entre los mejores 300 del ATP Tour.

La No. 15 del mundo, Elina Svitolina, quien también es de Odessa y actualmente reside en Londres, publicó en sus redes sociales. “Mi corazón está sangrando … Otra noche sin dormir y aterradora para la gente ucraniana.. POR FAVOR AYÚDENNOS A PARAR LA GUERRA”.

“Si Rusia deja de pelear, no habrá guerra. Si Ucrania deja de pelear, no habrá Ucrania”, escribió la No. 49 del mundo, Marta Kostyuk, quien jugó dobles con Yastremska en el Abierto Australiano de 2022 (alcanzaron la tercera ronda).

Ellas están entre los millones de ucranianos que enfrentan las consecuencias devastadoras de la guerra. Cientos de ucranianos han sido asesinados. Un oficial de defensa estadounidense de alto rango le dijo a los periodistas el sábado en la mañana que ha habido “más de 250” lanzamientos de misiles de fuerzas rusas en Ucrania. Más de 150,000 personas han cruzado de Ucrania a países vecinos.

Yastremska, de 21 años, dijo que no quería atraer atención a ella misma, pero sabia que era importante que el mundo viese el impacto de la Guerra. Así que ella publicó sobre su travesía Instagram, y la inundaron con mensajes de extraños y otros tenistas ofreciendo apoyo y ayuda. Sloane Stephens, Amanda Anisimova y otras jugadoras enviaron su apoyo comentando en su publicación.


YASTREMSKA SE DESPERTÓ bruscamente a las tantas de la madrugada del jueves.

El sonido de las bombas reverberaba por toda la ciudad, le daba piel de gallina. Se restregó los ojos y corrió a sus padres en la sala.

Las fuerzas armadas rusas habían empezado su invasión de Ucrania, anunciaban los canales noticiosos. Atacaban de todas direcciones, y Odessa, una ciudad portuaria que comparte fronteras con Moldavia al oeste, Rumania al sur, y el Mar Negro al este, estaba amenazada.

Dejando sus pertenencias en el departamento, ellos corrieron al estacionamiento. Les dijeron que encontrasen un área subterránea y se escondiesen. Permanecieron ahí durante horas, amontonados por comodidad. Yastremska recibió mensajes de pánico de amistades de toda Ucrania, algunos que se estaban reuniendo en estaciones subterráneas de metro mientras otros encontraban estacionamientos cercanos a ellos.

Yastremska escuchó “explosiones espantosas”, algunas lejanas, algunas tan cercanas que pensó que la próxima explosión aterrizaría en su departamento. Con apenas una bomba, ellos serían borrados de la faz de la tierra, ella pensó.

“Estoy tan asustada. No necesitamos matarnos unos a otros así.”Dayana Yastremska

Más tarde esa noche, cuando su padre pensó que todo se había calmado, ellos silenciosamente volvieron a su departamento para revisar las noticias. Las cosas iban a empeorar en Odessa, dijo el canal local de noticias.

“Tenemos que sacarlas a ustedes dos de aquí”, su padre le dijo a Yastremska y su hermana.

Las fronteras moldavas estaban cerradas. Después de escuchar historias sobre personas que escaparon por bote a Rumania, él se decidió. Las llevaría en carro hasta la frontera y las pondría en un bote.

Yastremska, quien había recibido un wild card para jugar en Lyon, podía llegar en un vuelo con su hermana a Francia si tan solo encontraban la manera de salir de Ucrania, ya que los vuelos comerciales para entrar y salir de Ucrania se habían detenido. El sueño les eludía mientras volvían al estacionamiento para esperar. Se irían antes de la madrugada la mañana siguiente. Era el tiempo más seguro para manejar un auto, su padre pensó.

Así es como Yastremska se encontró con todas sus pertenencias en un bote hacia Rumania.


SUS OJOS HINCHADOS por falta de sueño, Yastremska estaba sentada en su habitación de hotel en Lyon, Francia, en una camiseta negra demasiado grande, su cabello en una cola de caballo despeinada. Eran las 2:30 p.m. hora de Francia el sábado, y la invasión rusa de Ucrania continuaba, las fuerzas ucranianas montando una resistencia mientras Rusia avanzaba en sus ciudades.

“Estoy tan asustada”, ella le dijo a ESPN en una videollamada de Zoom. “No necesitamos matarnos unos a otros así”.

En cuestión de horas, Yastremska no solo se vio forzada a convertirse en refugiada, sino que también se había convertido en la tutora de su hermana menor. Ella tenía que ser fuerte para ella, cuidarla, todo este tiempo lidiando con su propio trauma.

Después de llegar a la frontera rumana, las hermanas aguardaron en una fila y las pusieron en un carro rumbo a Bucarest, la capital de Rumania, donde se quedaron en un hotel durante varias horas. Sus dos primos, quienes se habían subido al bote con ellas, decidieron ir a Hungría, a la casa de abuela materna. Yastremska y su hermana viajaron en avión a Francia, donde el director de torneo del Lyon Open 2022 les dio la bienvenida.

Ella texteó a sus padres, los llamó lo más que pudo. Están bien, por ahora, dijo. Seguían escondidos en el estacionamiento. Cuando su padre manejó de regreso a Odessa luego de dejar a Yastremska y su hermana, vio mucha actividad en las carreteras, soldados ucranianos deambulando, esperando defender su tierra.

Han pasado días desde que ella ha pensado activamente s obre el tenis, sobre jugar, pero el lunes, ella entrará a la cancha como una ucraniana orgullosa. Dará lo mejor de sí, dijo.

¿Qué viene después del Lyon Open?

“No tengo idea”, dijo ella. “Veremos qué sucede con Ucrania, con mi ciudad”.

“Tengo que pensar sobre mi hermana, su seguridad …” dijo ella, su voz disminuyendo.

Aunque ella estaba fuera de peligro, cada tantos minutos dice que pensaba sobre los misiles que se lanzaban en su país natal, su ciudad. Y cada vez, brincaba, su cuerpo reaccionando de manera no intencionada, sus huesos sintiendo las vibraciones del ataque.

“Estoy asustada por mis padres, mis amigos, y todos en mi país”, dijo ella. “Para que entiendan cómo es un ataque de misil, necesitan sentirlo. Pero, deseo que [nadie] jamás tenga que sentir este [dolor]”.

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