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Periodista y traidor

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Chicago, Illinois - Ayer se cumplió un año de la detención del reportero del Wall Street Journal (WSJ), Evan Gershkovich, en una prisión rusa por cargos de espionaje infundados.

Chicago, Illinois – Ayer se cumplió un año de la detención del reportero del Wall Street Journal (WSJ), Evan Gershkovich, en una prisión rusa por cargos de espionaje infundados. El presidente Joe Biden emitió un comunicado condenando al gobierno de Vladimir Putin por utilizar a los estadounidenses como moneda de cambio política. Otros líderes de este país, de ambos partidos, han condenado la detención de Evan y exigieron su liberación.

De manera similar, el WSJ publicó un artículo que relata el año de desaparición de un colega debido a desapariciones familiares, junto con una carta del editor señalando su resiliencia y cómo asumió los riesgos de esta profesión. Es alentador que en Estados Unidos los líderes políticos y los sindicatos se estén uniendo para condenar su detención y exigir su liberación. Desafortunadamente, el caso de Gershkovich muestra cuán despiadadamente la gente pequeña intenta apagar el fuego de la verdad.

Sin embargo, hay casos peores. El periodismo es de vital importancia para la democracia porque permite a los profesionales del periodismo de investigación que la sociedad pueda tomar decisiones informadas. Ya seamos periodistas, editores o escritores de opinión, tenemos el deber de actuar sin prejuicios ni prejuicios.

Por justicia. Por favor apóyennos con datos concretos como este: 41 periodistas fueron asesinados desde que AMLO llegó al poder hasta enero del año pasado. Y fue el acoso del presidente lo que hizo que los ejecutivos de los medios reconsideraran el tipo de cobertura que daban.

Decidir si hablar o no de accidentes de tráfico en televisión ignora los estragos que sufre el sistema sanitario del país. Ignoraron las vigorosas investigaciones del grupo Latinus y de Carlos Loret de Mola sobre la corrupción de este gobierno, que fueron ampliamente documentadas, o más bien dieron la vuelta a la tortilla y mostraron imágenes de lo que sucedió en Kazajstán. Esta es una traición a nuestra misión informativa.

Sin embargo, existe otro tipo de plaga. Me refiero a aquellos que se encargan de predicar el Evangelio en apoyo de un régimen sin ninguna intención de autocrítica ni de apertura. Algunas empresas afectadas dieron paso a propagandistas que especularon y difundieron teorías conspirativas favorables a su causa.

Es el caso de Epigmenio Ibarra, quien insulta y miente por dogma o conveniencia, y simula una inútil sofisticación citando libros y autores para ocultar su deshonra. Personajes como los anteriores son traidores y no merecen ser considerados objetos morales. En esta misma cesta también hay youtubers que lamen botas por las mañanas.

Porque ningún periodista que se precie se rendiría ni obedecería obedientemente a la autoridad. Pero redescubramos lo que es valioso: mi solidaridad y admiración por los periodistas que, a pesar de la presión de los enanos del poder, se apegan a informar de manera equilibrada y honesta. Para evaluar la calidad de la información, considere lo siguiente: Un informe es justo cuando incluye diversas perspectivas e información de fuentes confiables.

Pero si pareces una animadora, actúas como una animadora y hablas como una animadora, entonces eres un traidor.

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