Salud

¡A rienda suelta!

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Parece que fue ayer cuando dimos la bienvenida al 2025, y ya estamos en el cuarto mes del año.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

Parece que fue ayer cuando dimos la bienvenida al 2025, y ya estamos en el cuarto mes del año. Esto nos revela muchas cosas. No es que los días sean más cortos o los meses más breves. Simplemente, es que estamos viviendo a un ritmo acelerado y no nos detenemos a disfrutar del presente. Necesitamos reducir un poco la velocidad con la que nos dejamos llevar por la inmediatez de la vida actual.

Estamos a tiempo de reflexionar sobre este comportamiento agotador que hemos adoptado en los últimos tiempos. No crean que los años se «agotan» rápidamente, somos nosotros quienes no estamos viviendo, sino sobreviviendo a un mundo vertiginoso, que avanza a toda prisa, llevándose nuestras energías, nuestra calma y nuestra paz. Es necesario ponerle un freno a ese «caballo desbocado» que nos domina y no nos permite disfrutar los momentos, sino que nos impulsa a subirnos a la ola del incierto futuro.

Todavía podemos reflexionar y frenar esta intensidad. Los invito a darnos una vuelta por la ciudad fabulosa donde la vida se respeta, se vive y se valora. Allí, la gente aprecia cada instante, no piensa en el futuro. Seguro por eso la ansiedad no tiene lugar.

La salud mental está protegida porque la calma es una de las herramientas más poderosas para prevenir alteraciones psicológicas. Nadie quiere «comerse el mundo», la inmediatez no existe, el uso de la tecnología es moderado y, lo mejor de todo, los habitantes tienen una cultura de disciplina que les permite actuar priorizando el bienestar, no solo propio, sino de toda la comunidad.

Después de aceptar un paseo que prometía enseñar las formas saludables de vivir cada día intensamente sin necesidad de que el tiempo nos rebase, los asistentes tuvieron la oportunidad de disfrutar de un amanecer radiante, observando cómo el sol eclipsaba a la luna para ofrecerles el brillo de un nuevo día.

A medida que avanzaban las horas, saboreaban alimentos que provenían de tierras cálidas y productivas. Sin conservantes, solo creciendo conforme al tiempo adecuado. Tomando un café y sentados en una galería, disfrutaban de una hermosa puesta de sol que los invitaba a vivir el momento sin preocuparse por el día siguiente.

Una conversación entre familiares, amigos y vecinos era la antesala perfecta para ir a descansar y esperar que un nuevo día trajera su propio afán. Esta maravillosa experiencia susurraba al oído que, aunque en la realidad, el tiempo galopa a toda velocidad, es responsabilidad de cada uno de nosotros, disfrutar cada instante para que los años no se nos escapen como agua entre los dedos.

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