Salud

¿Acostumbras a interrumpir a los demás? La psicología te lo explica

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Detrás de esta mala costumbre, se esconden diversos factores psicológicos que podrían explicar este hábito.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

Mantener una buena plática es un arte que no todos dominan. Hay quienes no saben (o no quieren) escuchar, carecen de las habilidades comunicativas para expresar lo que desean o no respetan los turnos de palabra e interrumpen constantemente.

Aunque interrumpir a los demás cuando hablan se considera una falta de educación, hay quienes no pueden evitarlo. Detrás de esta mala costumbre, se esconden diversos factores psicológicos que podrían explicar este hábito. Así lo indica la psicóloga Isabel Reoyo al medio CuídatePlus.

En algunos casos, la tendencia a interrumpir nace del deseo genuino de participar activamente en la conversación. A veces, cuando un tema resulta muy interesante o emocionante, la persona siente la necesidad urgente de expresar su opinión o compartir una idea. Esta actitud no proviene de la intención de dominar el diálogo o menospreciar a los demás, sino del entusiasmo y la conexión que siente con el tema.

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Por ejemplo, en conversaciones donde se abordan temas de interés personal o profesional, algunas personas pueden verse tan involucradas que reaccionan de forma espontánea, interrumpiendo sin darse cuenta. Esto puede ocurrir especialmente cuando se sienten identificadas con lo que se está diciendo o cuando creen que su aporte es valioso para enriquecer el diálogo.

Otra de las razones más comunes detrás de las interrupciones constantes es la dificultad para controlar la impulsividad. Algunas personas pueden sentirse tan abrumadas por la emoción del momento que les resulta complicado esperar su turno para hablar. Esto no implica necesariamente una falta de respeto, sino que puede estar relacionado con la incapacidad de frenar el impulso de participar.

Las personas con trastornos como el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) pueden enfrentar dificultades adicionales en este aspecto. Su mente tiende a moverse rápidamente de una idea a otra, lo que hace que controlar la impulsividad sea especialmente desafiante. En estos casos, interrumpir no es una acción premeditada, sino una manifestación de cómo funcionan sus procesos mentales.

El estrés y la ansiedad también pueden influir en el hábito de interrumpir. Cuando una persona está ansiosa, su mente puede ir más rápido que la conversación, lo que la impulsa a hablar antes de que el otro termine. Esta aceleración mental puede generar la sensación de que si no expresan sus ideas de inmediato, las olvidarán o perderán el hilo de la conversación.

Asimismo, el estrés crónico puede afectar la capacidad de escuchar activamente, haciendo que la persona se concentre más en lo que quiere decir que en lo que los demás están diciendo. Esta situación puede resultar en interrupciones involuntarias, que a menudo se interpretan como señales de impaciencia o falta de interés en lo que el otro expresa.

Las personas con personalidades extrovertidas o muy expresivas tienden a comunicarse de manera más abierta y dinámica. En muchos casos, esto incluye interrumpir o hablar simultáneamente con otros, especialmente en contextos sociales donde se sienten cómodas y seguras.

Estas personalidades no buscan necesariamente imponer su opinión, sino que consideran la conversación como un intercambio activo donde todos pueden participar al mismo tiempo. En algunos grupos sociales, esta forma de comunicación es aceptada o incluso valorada, mientras que en otros puede percibirse como una actitud invasiva y una falta de respeto.

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