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Nueva York, 3 abr (EFE).- La batalla por la Alcaldía de Nueva York ha dado este jueves un vuelco con la salida del actual alcalde, Eric Adams, de las primarias del Partido Demócrata para presentarse a las elecciones de noviembre como candidato independiente.
Buscar un segundo mandato fuera del que aún es su partido -ha dicho que no planea abandonarlo- va a ser todo un desafío en una ciudad donde los demócratas superan en una proporción de 6 a 1 a los republicanos.
Pero a Adams se le añaden otros retos: una popularidad muy baja por su gestión y su calvario judicial que acaba de terminar después de que un juez federal desestimara sus acusaciones de corrupción y tráfico de influencias.
Esa acción del juez ha sido vista como un pago de favores por la decisión de Adams de colaborar con la Administración del presidente Donald Trump en asuntos migratorios, un tema siempre controvertido para cualquier partido.
Las primarias demócratas, que se celebrarán el próximo 24 de junio, le habrían enfrentado a otros nueve candidatos, entre ellos el fiscal de cuentas, Brad Lader, la senadora estatal Jessica Ramos, y el polémico exgobernador Andrew Cuomo, que dejó su cargo tras haber sido acusado por varias mujeres de acoso sexual.
Las encuestas de este año electoral indican que Adams cuenta con un bajo nivel de aprobación de su trabajo: en marzo, según la Universidad de Quinnipiac, el descontento con su labor era de un 67 %, el índice de aprobación laboral más bajo de cualquier alcalde en los casi 30 años desde que la entidad comenzó a realizar encuestas.
Otra sobre la preferencia de los electores de cara a los comicios, también de marzo y realizada por Data Progress, lo colocó en cuarto lugar (7 %) en la contienda, que lideraba Cuomo, con 39 %.
Pese a su conocida intención de buscar un nuevo mandato, hasta el momento no ha realizado eventos de campaña, ni nombrado a su director, ni recaudado gran cantidad de fondos.
Un mandato marcado por la mano dura contra el crimen
Adams llegó a la alcaldía con promesas como la de mano dura contra el crimen, protección a trabajadores, mejorar relaciones con la policía (luego de enfrentamientos con su predecesor) y poner la economía en pie tras la pandemia de la Covid-19.
En el fondo, Adams nunca olvidó sus orígenes: fue policía durante dos décadas, antes de saltar a la política como senador estatal y luego presidente del condado de Brooklyn. Siempre fue demócrata, pero del ala más derechista del partido.
En sus casi cuatro años en el cargo, ha enfrentado varias crisis, entre ellas una ola de más de 200.000 migrantes que llegó a la ciudad durante estos últimos dos años o la reciente polémica por su caso judicial por corrupción por haber favorecido a varias empresas turcas, en el caso más conocido.
Este último escándalo llevó a que varios de sus vicealcaldes y otros funcionarios renunciaran a sus cargos.
Precisamente, sus comentarios sobre el flujo de inmigrantes y decisiones como la de limitar la estadía de estos en los refugios o su objetivo de que Nueva York deje de ser una «ciudad santuario» le han valido múltiples críticas de activistas e incluso de sus propios colegas demócratas.
En el ámbito personal, Adams se ha definido como amante de la moda, la comida vegana, el hip-hop y la vida nocturna, y se ha mantenido impasible e incluso con cierta arrogancia ante las críticas que ha recibido durante su gestión como alcalde, incluso de su propio partido.
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