Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.
En el laboratorio, han verificado que la hormona, semejante a la insulina producida por el cuerpo, actúa como protección para las neuronas, y han observado que las células nerviosas expuestas a ella soportan mejor el daño que suele destruirlas en el párkinson.
Específicamente, optimiza el desempeño de las mitocondrias, que son como las “baterías” de las células; resguarda el ADN, ya que activa mecanismos de reparación del material genético, lo cual ayuda a prevenir fallos graves que pueden causar la muerte celular; y frena los procesos que llevan a la autodestrucción neuronal cuando están dañadas.
El equipo investigador ha estado desde 2007 investigando cómo utilizar el IGF-II para tratar enfermedades neurodegenerativas. En 2021 demostraron en animales que esta hormona podía resguardar el cerebro.
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