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En el corazón de Santo Domingo Este, el mercado de Los Mina es mucho más que un simple sitio para adquirir alimentos frescos. Es una base de sustento y avance para más de 500 familias. Cada puesto contiene historias de trabajo, anhelos realizados y generaciones que han prosperado gracias al esfuerzo de sus padres.Uno de ellos es Gustavo Taveras, un hombre que lleva más de treinta años vendiendo tomates, lechugas, pepinos y otras hortalizas. Desde su negocio ha construido tres viviendas, ha criado a sus hijos y ha logrado verlos convertirse en profesionales.”Yo, lo mucho o poco que he obtenido, le he sacado provecho. Salgo de aquí y tengo cómo mantenerme, porque no todo es solo corrupción”, expresa con orgullo a periodistas de Hoy Digital para la serie especial Hoy en tu Barrio.Taveras no solo es un ejemplo de perseverancia, sino también de buena gestión. “Si usted gana mil pesos, gaste la mitad o menos”, aconseja.Con emoción, relata que sus tres hijos han llegado lejos: uno es abogado, otra licenciada en mercadeo, y una tercera está estudiando odontología. “Están orgullosos del viejo que tienen al lado”, comenta entre risas.El vendedor asegura que los fines de semana son los de mayor movimiento, pero que hay que resistir en los días lentos: “El que tiene sus clientes como yo, pues uno siempre sale adelante”.También puede leer: El sorprendente éxito de una pareja en Cristo Rey: 3 grandes logros vendiendo empanadasLa última casa que construyó, hace tan solo tres meses, se la quedó él. Las otras, las repartió entre sus hijos.El mercado de Los Mina tiene 529 puestos, muchos de los cuales tienen dos o tres empleados cada uno. Además, tres empresas operan con más de 60 empleados cada una, y hay fábricas de hasta dos plantas.Desde las 2:00 de la madrugada, cuando abre sus puertas, hasta las 6:00 de la tarde, pasan por allí más de 600 personas al día, según informó el Ayuntamiento al periódico Hoy.Michelle Mota lleva 15 años trabajando en el mercado. “De aquí mantengo a mi familia”, cuenta mientras organiza su puesto.Ramón Cáceres también encuentra aquí su sustento: “Nos va bien, gracias a Dios. Hay buen flujo de clientes”, dice desde una carnicería.El mercado ha cambiado. Si antes era sinónimo de suciedad y mal olor, hoy sus pasillos se perciben más higiénicos y seguros. “Es diferente, antes era un poco cochino”, recuerda Marina Vallejos.La seguridad también ha mejorado. Hay cuatro entradas, cada una vigilada por policías, además de agentes que patrullan dentro del mercado. También hay una caseta militar y presencia del cuerpo de policías municipales, aseguran los comerciantes.También puede leer: ¿Basura sin control en Simón Bolívar? Residentes temen brote de enfermedades y alzan la voz”La seguridad es 100%. No se ocasionan problemas”, afirma Mota.Quienes compran también valoran el servicio. José Reynoso, residente en Los Frailes II, va siempre que puede: “Aquí dan buen servicio. A los clientes los atienden bien”, asegura.Francisca Durán destaca los precios, y José Miguel no pasa un día sin ir al mercado a comprar carnes.
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