Internacionales

¿Llegará Trump a invadir militarmente la Venezuela liderada por el chavismo, logrando así la destitución del mandatario Maduro?

8837418735.png
En los últimos siete meses, Washington y Caracas han alternado periodos de acercamiento con gestos duros y amenazas.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

Washington D. C.: el crimen violento disminuye un 45% después de la intervención de Trump, ¿un modelo exportable?

La llegada de seis barcos de guerra estadounidenses a las aguas del Caribe, cerca de las costas de Venezuela, ha encendido todas las alarmas en Caracas y ha vuelto a primer plano la pregunta sobre si Donald Trump está dispuesto a dar un paso definitivo contra Nicolás Maduro.

El despliegue, que incluye destructores con misiles guiados y miles de marines, marca la mayor operación militar de Estados Unidos en la región desde la invasión de Panamá en 1989.

A día de hoy, 29 de agosto del 2025, la tensión entre Washington y el régimen de Maduro no deja de crecer.

El ejecutivo chavista habla de amenaza real, mientras que la oposición venezolana ve en la actual ofensiva una oportunidad sin precedentes para forzar un cambio de régimen.

El contexto, sin embargo, es mucho más complejo y está marcado por una sucesión de gestos, acuerdos y amenazas que han redefinido la relación entre ambos países en los últimos meses.

La crisis entre Trump y Maduro entra en una fase crítica, con el Caribe convertido en el tablero de máxima tensión geopolítica.

El futuro inmediato dependerá de la capacidad de ambos líderes para calibrar sus movimientos y evitar que la escalada retórica y militar desemboque en un conflicto abierto.

El despliegue ordenado por Trump incluye tres destructores de la clase Arleigh Burke — equipados con sistemas de combate Aegis y misiles de largo alcance — , el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, el buque de transporte USS San Antonio y el de desembarco USS Fort Lauderdale. En total, más de 4.500 efectivos militares, de los cuales 2.200 son infantes de marina, están en la zona, apoyados por aviones de vigilancia P-8 Poseidón y el submarino nuclear USS Newport News.

La Casa Blanca justifica la operación por la necesidad de combatir el narcotráfico y neutralizar al Cartel de los Soles, al que Washington considera una organización terrorista y que, según la acusación, está liderado por Maduro y figuras clave de su Gobierno, como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino. La recompensa por la captura de Maduro ha ascendido a 50 millones de dólares, mientras que otros altos cargos chavistas también han sido señalados como fugitivos internacionales.

En respuesta, Maduro ha movilizado a la Armada venezolana y ha hecho un llamamiento para incorporar a 4,5 millones de reservistas a la Milicia Nacional Bolivariana. El Gobierno venezolano denuncia que la presencia del submarino nuclear estadounidense viola el Tratado de Tlatelolco, que prohíbe las armas nucleares en América Latina y el Caribe, y ha exigido a Estados Unidos garantías claras de que no utilizará este tipo de armamento en la región.

La actual escalada es el último episodio de una relación marcada por la volatilidad y los bandazos. En los últimos siete meses, Washington y Caracas han alternado periodos de acercamiento con gestos duros y amenazas. Tras las elecciones venezolanas — cuya legitimidad fue rechazada por buena parte de la comunidad internacional — , el Gobierno de Trump optó inicialmente por un enfoque pragmático, retirando algunas sanciones sobre el sector petrolero venezolano y permitiendo ciertos intercambios de presos.

El giro llegó con la campaña presidencial en Estados Unidos. Trump endureció su discurso, declaró al Cartel de los Soles como una amenaza existencial y prometió mano dura para reducir los precios del crudo, abriendo la puerta a una intervención más directa sobre Venezuela. La tensión escaló aún más cuando el Departamento de Justicia aumentó la recompensa por Maduro y el Pentágono reforzó su presencia naval.

El conflicto entre Trump y Maduro tiene ramificaciones en toda la región. Mientras países como Argentina, Paraguay y Ecuador han respaldado la postura estadounidense y también han declarado al Cartel de los Soles como organización terrorista, otros gobiernos, como el de Colombia, han cuestionado la existencia real de esa amenaza. La isla de Curazao, cercana geográficamente al despliegue, ha confirmado la llegada de destructores estadounidenses a sus aguas, aumentando la inquietud en el Caribe.

En paralelo, la diplomacia de rehenes ha cobrado protagonismo: Maduro ha usado la liberación y captura de presos extranjeros como moneda de cambio, tratando de ganar tiempo y margen de maniobra ante la presión internacional. La oposición venezolana, por su parte, asegura que el apoyo militar interno a Maduro está más debilitado que nunca y que la decisión de intervenir está en manos de un grupo reducido de altos mandos.

A pesar del despliegue sin precedentes, la posibilidad de una invasión directa sigue siendo incierta. El Pentágono no ha confirmado que los buques vayan a participar en operaciones ofensivas, y la Casa Blanca mantiene la ambigüedad sobre los verdaderos objetivos de la misión, insistiendo en el combate al narcotráfico como justificación principal. Sin embargo, la magnitud de la fuerza desplegada, el uso de submarinos nucleares y la retórica beligerante aumentan el riesgo de una escalada accidental o de un enfrentamiento no planificado.

El escenario más probable, según analistas internacionales, es que Trump utilice la presión militar como una herramienta de disuasión y negociación, más que como preludio de una intervención militar a gran escala. El objetivo sería forzar concesiones del régimen de Maduro o una fractura interna que facilite un cambio político sin necesidad de recurrir a la fuerza total.

TRA Digital

GRATIS
VER