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Desde la reprobación por apartarse de lo habitual hasta el reconocimiento de la identidad

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North West, descendiente de Kim Kardashian y Kanye West, enfrenta críticas por su cabello azul y su manera de vestir.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

North West, descendiente de Kim Kardashian y Kanye West, enfrenta críticas por su cabello azul y su manera de vestir. A sus 12 años y creciendo bajo el escrutinio público, la joven se muestra muy genuina, con un estilo creativo y despreocupada por lo que otros piensen, tal como mencionó su madre en una reciente charla en el pódcast “Call her Daddy” de Alex Cooper.

“Cariño, si ella desea tener la melena azul, está bien (comentó sobre sus diálogos con su hija). Eso la hace feliz y jamás le limitaría esa cualidad (su creatividad)”, expresó Kim durante la entrevista en el pódcast.

Los juicios sobre la fisonomía no son nuevos y no se limitan solo a figuras públicas. La gente común lo experimenta al, por ejemplo, recibir un trato diferenciado por su aspecto o ser objeto de esas miradas de arriba abajo y de abajo arriba con aire de desdén, analizando cada detalle visual.

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El cabello es una de las áreas más señaladas. Y no se circunscribe únicamente al pelo afro, que recientemente ha ganado mayor visibilidad. De hecho, hace pocos días, una concursante del certamen “Dominicana’s Got Talent” se hizo tendencia al interpretar un poema de Victoria Santa Cruz en contra de los patrones asociados a la tonalidad de piel y pelo.

“…Alisaba mi pelo, me maquillaba el rostro, y entre mis cabellos siempre resonaba una misma voz: ¡negra! ¡negra! ¡negra! ¡negra!”, recitaba Carla Morel el fragmento que, a pesar de haber sido escrito en los setenta, aún hoy provoca un quiebre entre la negación, la vergüenza y la aceptación de la identidad.

Volviendo al tema, esto no es una situación exclusiva de quienes poseen cabello rizado. Ocurre con cualquier persona: debido a la textura, el peinado o el tono del cabello. ¿O acaso no ha escuchado comentarios como los siguientes?

Son un sinfín de cuestionamientos que surgen criticando la apariencia física, cuando lo fundamental es que prevalezca el respeto a la elección individual: ya sea que decidan ser convencionales, modernos, audaces o tradicionales, todos tienen cabida para definirse como tal dentro del marco de la tolerancia.

Precisamente, hace poco, la comunicadora Sabrina Gómez compartió en sus redes sociales un desahogo animando a aceptar las determinaciones y la singularidad de las personas, dejando atrás los prejuicios que condenan el aspecto físico. Habló de “abraza la audacia positiva” como un llamado a reafirmar la identidad y potenciar la autoestima.

En esa misma línea, en plataformas sociales anda una promoción de una marca de cosméticos para el cabello que promueve aceptarse sin pedir permiso para “ser quien eres”. “El atrevimiento de ser tú se convierte en rebelión”, dice la pegadiza melodía que busca ser un homenaje a la reafirmación de la identidad capilar.

Más allá del tipo de cabello o el estilo que se elija llevar, ser y autoaceptarse, esa es la clave. Es una cuestión que va más allá de la imagen corporal: implica el respeto a la individualidad y al derecho de cada persona a elegir, lo cual, en mi parecer, es donde reside la belleza más resplandeciente del ser humano. Ya sea mediante “la afirmación del yo” o “el coraje de ser tú”, impulsemos el derecho de las personas a existir y vivir su camino desde su esencia más profunda: la diversidad humana en su máxima expresión.

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