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La Unión Europea se opone a Maduro y por los bienes de Venezuela

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En los últimos tres meses, Estados Unidos ha movilizado a 15 mil efectivos a la zona, varios buques y el portaaviones Gerald R.

“EE. UU. ambiciona los bienes de Venezuela. Con más de 303 mil millones de barriles de crudo comprobados, Venezuela encabeza las reservas mundiales, y la administración Trump está resuelta a apoderarse de ellas, transgrediendo el derecho internacional”.

El jueves Donald Trump afirmó que las incursiones terrestres en Venezuela se iniciarían “muy pronto”, el viernes The New York Times reveló con fuentes gubernamentales de EE. UU. y venezolanas que Trump y el Presidente Nicolás Maduro habían dialogado por teléfono una semana previa; y ahora, el sábado, Trump declaró el espacio aéreo de Venezuela “totalmente vedado”, sin respaldo legal alguno.

Con esta conducta contradictoria, que mezcla la llamada al diálogo con la amenaza, el ejecutivo estadounidense busca apropiarse de las valiosas reservas petroleras y minerales en marcha. Esto se evidencia en la mayor movilización de fuerzas armadas y navales estadounidenses desde 1962, durante la conocida “Crisis de los Misiles” que estuvo cerca de provocar un conflicto bélico entre Washington y la Unión Soviética.

Constantemente, la endeble justificación del gobierno de Trump es que este despliegue castrense busca frenar el contrabando de narcóticos hacia su nación, supuestamente orquestado por el Cártel de los Soles bajo el liderazgo del propio Presidente venezolano Nicolás Maduro. La catalogación de este cártel como “agrupación terrorista internacional” solo ha servido para recrudecer las intimidaciones y anhelos estadounidenses sobre la soberanía venezolana.

Desde que a inicios de septiembre el Presidente Trump ordenó al Pentágono y la Armada interceptar naves presuntamente cargadas de droga, las fuerzas armadas de su país han incrementado su presencia en el Caribe, de forma ostentosa, a escasa distancia de las costas venezolanas.

Al inicio de esta semana, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunció la puesta en marcha de la denominada operación “Lanza del Sur”. En los últimos tres meses, Estados Unidos ha movilizado a 15 mil efectivos a la zona, varios buques y el portaaviones Gerald R. Ford, cuya “capacidad aérea supera a la de cualquier nación latinoamericana”, según un experto peruano. Sumado al estacionamiento de flotas cerca del litoral venezolano, EE. UU. dispone de un centro de operaciones en las Bahamas, el recinto militar de Guantánamo en Cuba, una base naval y un aeródromo en Puerto Rico, además de puntos de “cooperación en seguridad” en El Salvador, Aruba y Curazao, según un recuento de Deutsche Welle.

Trump y su equipo han declarado que esta movilización armada es para cortar el flujo de estupefacientes, específicamente fentanilo, a través del mar hacia sus costas. Desde que se inició esta acción a principios de septiembre de este año, Estados Unidos ha atacado 21 embarcaciones y ha cobrado la vida de 83 individuos, sin proceso judicial previo, lo que llevó a la ONU a tacharlas de “ejecuciones sumarias”.

Es evidente que la acción militar es totalmente desmedida para el cometido de interceptar pequeñas lanchas que (si fuera cierto) transportan envoltorios con drogas, sobre todo cocaína. Es ridículo. No se despacha el portaaviones Gerald R. Ford, la nave más formidable del orbe, para perseguir botes en el Caribe.

El verdadero objetivo es derrocar al régimen de Nicolás Maduro y asegurar los cuantiosos bienes petroleros y mineros de Venezuela. “A pesar de que Trump subraya el rol de Venezuela en el narcotráfico o la emigración irregular al abordar el tema públicamente, en privado ha comentado sobre las vastas reservas de petróleo del país y la posibilidad de que empresas norteamericanas accedan a ellas”, informó The New York Times el 18 de noviembre de 2025 en un reportaje que develaba la autorización de Trump a planes de la CIA para una incursión encubierta en Venezuela.

De hecho, los consejeros presidenciales han presentado diversas alternativas a Trump para remover a Maduro y obtener las ricas reservas de hidrocarburos, gas y minerales de la nación suramericana. Consultados “extraoficialmente” por el Times, fuentes del gobierno estadounidense indicaron que Trump ha sopesado estos caminos: 1) aceptar un pacto diplomático que otorgue a las empresas de EE. UU. mayor entrada a los recursos petrolíferos venezolanos; 2) impulsar una resolución para que Maduro ceda el poder voluntariamente; 3) exigir el cese forzoso del mandatario venezolano por parte de Estados Unidos. Sin embargo, todo parece apuntar a que la Casa Blanca se ha inclinado por una cuarta vía: una estrategia de intensificación de la presión sobre Maduro. No obstante, la meta firme es su remoción del poder.

Si bien el posicionamiento militar de EE. UU. ha escalado como no sucedía en sesenta años en la región, fiel a su táctica de intimidar y negociar, Donald Trump ha mantenido vías de comunicación confidenciales con el gobierno venezolano. Y según el mismo artículo del Times, “En esas conversaciones reservadas, Maduro ha manifestado su disposición a ofrecer acceso a la riqueza petrolera de su nación a las corporaciones energéticas estadounidenses”, a cambio de conservar la presidencia. Pero Trump lo desestimó.

Lo que resulta indiscutible hasta ahora es que Estados Unidos anhela los recursos venezolanos. Con más de 303 mil millones de barriles de crudo certificados, Venezuela ostenta las mayores reservas del planeta, y el ejecutivo de Trump está decidido a hacerse con ellas, violando toda norma internacional. Así lo sentenció Delcy Rodríguez, Ministra de Hidrocarburos de Venezuela, quien el lunes pasado aseveró que Estados Unidos tiene puesto el ojo en Venezuela merced a sus extensas reservas de petróleo. “Buscan las reservas de crudo y gas de Venezuela. A cambio de nada, sin compensación”, declaró.

La táctica más reciente dentro de esta escalada de advertencias contra el gobierno venezolano es que este sábado 29 de noviembre, Donald Trump decretó el “cierre absoluto” del espacio aéreo de Venezuela, sin presentar justificación legal alguna. “A todas las aerolíneas, pilotos, traficantes de drogas y de personas, por favor tomen nota de que el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela está completamente clausurado”, escribió Trump en sus plataformas digitales.

En respuesta a esta orden, el gobierno de Venezuela lo calificó de “acto colonialista”. En una nota de prensa de la Cancillería se estipuló: “Venezuela denuncia y rechaza la amenaza de cariz colonialista que busca menoscabar la soberanía de su espacio aéreo, […] una nueva afrenta desmedida, ilegal e inmerecida contra el pueblo venezolano”, reza el documento.

Independientemente de la opinión que se tenga sobre el régimen de Maduro, lo inaceptable es que una nación se arroge el derecho de invadir un estado soberano y apoderarse de sus bienes amparándose en su poderío militar. Esto no es solo imperialismo, parece más bien una praxis basada en el saqueo.

Puesto en un contexto más amplio dentro de la estructura interestatal del capitalismo actual, estamos presenciando la decadencia de Estados Unidos como potencia principal en el panorama global, pero en lugar de aceptar la realidad de un mundo con múltiples centros de poder, la administración Trump desempolva la antigua doctrina imperialista del “Gran Garrote” y actúa como el abusón del vecindario. Así como no se deben tolerar los acosadores en los entornos más próximos, tampoco debería aceptarse la actitud prepotente e imperialista de Estados Unidos.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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