Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.
He adoptado la denominación de “cultora del folclore”, “gestionadora de material” o especialista en la mutación cultural, temas sobre los cuales llevo tiempo conversando, redactando y debatiendo acerca de esas modificaciones que aportan valor o que podrían impactar de forma perjudicial a esas manifestaciones folclóricas.
Cuando la gente me comenta que soy célebre, les aclaro que las personas célebres suelen tener trayectorias poco ejemplares. Luego, les hago saber que prefiero que me llamen popular. Tampoco me agrada que me etiqueten como “influencer”, ya que no promociono nada que no consuma o que pueda ser nocivo en ningún aspecto.
Las plataformas digitales están saturadas de individuos a quienes no les interesa impulsar artículos, víveres, etcétera, pues lo primordial es la compensación económica que puedan ofrecerles y nadie objeta al respecto.
Tampoco me agrada esa designación, si bien en ocasiones se me etiqueta así y eso me incomoda. Más bien, he optado por el apelativo de “cultora del folclore”, “gestora de material” o especialista en la transformación cultural, sobre lo cual he disertado, escrito y debatido extensamente acerca de estas variaciones que acrecientan o podrían mermar negativamente esas expresiones folclóricas.
Asimismo, me gusta “compiladora de datos”, dado que valoro esos archivos que poseo resultado de la recolección temática del folclore y que facilitan la labor investigativa a otros en sus proyectos.
Esto me agrada escuchar; no busco complacer a otros. Soy respetuosa del prójimo, pero detesto las invenciones. Ciertos individuos y compañeros me consideran soberbia, pues me disgustan los reconocimientos vacíos, sin fundamento alguno, más allá de figurar en alguna lista corporativa o institucional, aunque no juzgo a quienes los reciben.
Critico esos audiovisuales que se hacen a los depositarios de las tradiciones, cuyos entornos o elementos asociados no concuerdan con lo que estos representan y nadie comenta nada.
También censuro a algunos que residen fuera del país, quienes demuestran más fervor patriótico que los residentes, realizando actividades sin discernimiento, sin investigar, sin leer, sin visitar el país y pretenden que les validemos como los más dedicados a la cultura, cuando en realidad están estancados, porque lo único que observan en televisión es a la Dra. Polo.
Otros demuestran gran interés y ocupan un puesto en el extranjero, pero sus ingresos apenas cubren los honorarios del ponente invitado y nadie dice nada al respecto.














