Fuente: DiarioDigitalRD
NUEVAS FUNCIONES PARA QUE EL USUARIO GESTIONE LAS RECOMENDACIONES EN REDES Y STREAMING
MADRID.- (Portaltic/EP) – Durante meses, las grandes plataformas digitales han estado promoviendo un mensaje común: ahora los usuarios tienen mayor capacidad para decidir qué contenido visualizar. Redes sociales y servicios de streaming como Instagram, TikTok, Pinterest, Spotify o Threads han comenzado a implementar paneles de configuración que permiten “educar” al algoritmo de recomendaciones. La propuesta es clara: ofrecer más contenido de interés y menos del que no interesa. Sin embargo, la realidad resulta mucho más complicada.
El núcleo de estos servicios es el algoritmo de recomendación, sistemas automáticos que usan inteligencia artificial para determinar qué vídeos, canciones, imágenes o publicaciones se muestran en pantalla. Estos algoritmos analizan cada interacción: dónde se pulsa, cuánto dura la visualización de un vídeo, qué canciones se escuchan completas, qué se pasa rápidamente o qué recibe un “me gusta”. Con esta información crean perfiles de usuario y ajustan las sugerencias.
Hasta ahora, las opciones para modificar el algoritmo eran escasas: borrar el historial, suprimir búsquedas o indicar que un contenido no interesa. Son acciones útiles pero frágiles. Un clic accidental o detenerse unos segundos más en un vídeo fuera de interés podía revertir cualquier intento de “reentrenar” al sistema.
Recientemente, varias plataformas han presentado nuevas herramientas. Pinterest ofrece la posibilidad de decidir si se quieren visualizar contenidos generados por inteligencia artificial, aunque solo dentro de categorías limitadas. TikTok amplió su barra temática para aumentar o reducir contenido en ciertas áreas e incluyó una opción para disminuir la presencia de vídeos creados con IA.
Instagram está desarrollando un sistema para seleccionar temas específicos —sugeridos por la plataforma o definidos por el usuario— que modulen la frecuencia con que aparecen los reels. Threads ha elegido un método más simbólico: un comando llamado Dear Algo mediante el cual se puede solicitar directamente al algoritmo mostrar más o menos publicaciones sobre ciertos temas.
Spotify también participa con pruebas de listas de reproducción personalizables mediante instrucciones y con su denominado “perfil de gusto”, que permite eliminar canciones o listas que no encajan con las preferencias del usuario.
Estos avances son positivos, pero no modifican el problema fundamental: el algoritmo continúa siendo una caja negra.
La principal crítica no es solo la escasa capacidad de control, sino el propio diseño del sistema. Muchas plataformas presentan recomendaciones en un flujo interminable que incita a deslizar sin parar. De ahí surge el fenómeno conocido como doom scrolling: navegar compulsivamente por contenidos incluso cuando ya no resultan agradables.
Este hábito tiene consecuencias documentadas sobre la salud: agotamiento mental, ansiedad, sensación de pérdida de tiempo o culpa. El impacto resulta especialmente preocupante entre adolescentes, donde se vincula a adicciones, trastornos relacionados con la imagen corporal, pérdida de concentración y deterioro de habilidades sociales.
Un estudio reciente realizado por OnePlus revela que los españoles pierden en promedio casi dos días al mes haciendo scroll en redes sociales. El “scroll absurdo” ocurre en cualquier momento: en la cama, mientras ven una serie o incluso en el baño.
Para mitigar estas críticas, las plataformas han incorporado límites temporales, alertas por uso prolongado y controles parentales, principalmente en cuentas infantiles. Son medidas que trasladan parte de la responsabilidad a los familiares pero no cuestionan el funcionamiento interno del sistema.
A esto se añade otro inconveniente: las recomendaciones no siempre cumplen con las propias normas internas. Diversos análisis han detectado la circulación de desinformación o discursos de odio promovidos por los algoritmos, consumidos intensamente sin que el usuario lo perciba claramente.
Desde hace años, expertos y reguladores demandan mayor transparencia: conocer cuáles son los factores decisivos en las recomendaciones, cómo se entrenan los modelos y qué sesgos incorporan. Raciales, ideológicos o culturales; estos prejuicios no son inherentes al algoritmo sino derivados de los datos con los que aprende.
Por ahora, las nuevas herramientas ofrecen al usuario una sensación mayor de control. Pero el verdadero poder permanece donde siempre: en un algoritmo diseñado principalmente para captar y mantener la atención.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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