Fuente: El Universal
Miami. — La noche del 5 de enero, en decenas de miles de hogares hispanos en Estados Unidos, los niños colocan sus zapatos junto al árbol de Navidad o el Nacimiento, dejando un vaso de leche y, cuando es posible, una galleta o un pan, con la esperanza de que los Reyes Magos los disfruten. “Son familias latinas que mantienen viva, pese a la distancia, una tradición que ha pasado por generaciones enteras”, comenta a EL UNIVERSAL la socióloga Cecilia Castañeda.
El Día de Reyes ha cobrado mayor importancia en Estados Unidos debido al aumento de la comunidad migrante. Desde Nueva York hasta Los Ángeles y Detroit, las comunidades mexicanas, colombianas y venezolanas siguen conservando esta costumbre. Sin embargo, este año presenta diferencias. Los padres desean evitar que esta noche se convierta en una experiencia aterradora, aunque ese temor ya forma parte cotidiana de sus vidas.
Ana Rodríguez, mexicana y madre de dos niñas de tres y cinco años, expresa: “No vine hasta acá [California] para que mis hijas vivan ocultas. Queremos conservar la ilusión, pero tampoco voy a fingir valentía, porque me basta con que alguien toque la puerta a las 06:00 de la mañana para que mi ilusión se transforme en miedo”. A pesar de ello, añade que en la madrugada del 6 de enero sus niñas “despertarán con regalos, aunque sea con la sala en silencio y las cortinas cerradas”.
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Habrá también rosca de Reyes. “La mayoría de las cosas que van a recibir, que son pocas, son artículos que ya tenía que comprar para la escuela, así que cumplo dos funciones: reciben regalos, como colores para dibujar, y les sirve para sus clases”, cuenta. “Lo que sí no haremos es asistir al festival de Reyes que cada enero organiza una parroquia cercana; no quiero arriesgarme. Mis hijas nacieron aquí, pero ¿qué pasa si me capturan? No podría soportarlo”.
El líder comunitario —que conoce a todos por nombre— pidió a quienes asistan ser cautelosos. “Vengan si pueden, pero no divulguen la ubicación, no lleguen en grupos grandes y si notan camionetas sin identificación no entren en confrontaciones; simplemente vayanse”.
El Pew Research Center reportó en octubre de 2025 que el 59% de los latinos han visto u oído sobre arrestos o redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en sus áreas “en meses recientes”, mientras un 52% temen ser deportados ellos mismos o algún allegado.
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La encuesta realizada en 2025 por Kaiser Family Foundation (KFF) y The New York Times revela cómo ese temor persiste incluso entre quienes tienen ciudadanía o estatus legal: el 41% de inmigrantes manifiestan preocupación por posibles detenciones o deportaciones propias o familiares, y un 16% conocen a alguien arrestado o deportado “sin haber cometido un delito grave”, proporción mayor entre inmigrantes hispanos. Un análisis publicado el 28 de diciembre por The Washington Post señala que ICE ha incrementado notablemente los arrestos en casas, trabajos y lugares públicos; además señala que buena parte de los detenidos carece de antecedentes penales, lo cual explica el creciente miedo.
En su página oficial, ICE define su función con una frase que para las comunidades migrantes suena más como una advertencia: “La misión es proteger al país del crimen transfronterizo e inmigración ilegal”. Esa justificación se refleja en operativos urbanos presentados bajo una retórica de seguridad nacional, pero con detenciones violentas y propias de escenas dramáticas “de acción y terror”, señala Castañeda.
Por ello, muchas familias organizan el Día de Reyes como una celebración combinada con un plan preventivo.
Roberto Buenrostro, mexicano residente en Texas, coloca “los zapatos para mis hijos [para los Reyes] porque necesito que crean en algo bueno; pero también dejo una carpeta con todos sus documentos lista porque si me detienen alguien debe saber dónde está su escuela, su médico o su entorno”. Con voz crítica afirma: “Me niego a que mi ausencia sea el regalo que este país les deje”.
Esa “carpeta lista” es una recomendación constante hecha por abogados especializados y organizaciones proinmigrantes como el Centro de Recursos Legales para Inmigrantes (ILRC). “Cada familia debe contar con un plan preparado (…) para emergencias; designar un tutor legal mediante carta firmada. De lo contrario, los hijos serían entregados al gobierno federal corriendo riesgo incluso de separación entre hermanos”, advierten.
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La presión aumentó aún más cuando la administración Trump eliminó la protección para espacios como iglesias, escuelas u hospitales. Organizaciones proinmigrantes alertaron que esta medida amplía los márgenes para actuar. En un folleto informativo, el Centro Nacional de Leyes de Inmigración (NILC) destaca que esta nueva directiva “otorga poder ilimitado a agentes del ICE”.
La Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU) recuerda a los migrantes que “independientemente del estatus migratorio usted tiene derechos garantizados por la Constitución”. Según Castañeda esta frase busca reforzar seguridad: ser detenido no significa el fin; deben seguir recomendaciones como no resistirse al arresto, no responder preguntas y solicitar un abogado o contacto consular. “No todo está perdido automáticamente y ese mensaje puede ser el mejor obsequio del Día de Reyes”, explica detalladamente.
La preocupación llega también a las iglesias donde muchas comunidades latinas celebran la Epifanía con misa, juguetes y chocolate. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) reconoce la incertidumbre actual en estas fechas antes llenas solo de felicidad: “Nos inquieta observar un ambiente dominado por temor y ansiedad”.
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En este contexto el festival de Reyes parroquial dejó de ser únicamente un evento cultural para convertirse en una decisión sobre visibilidad; se han vuelto frecuentes las reuniones sin publicidad pública, grupos pequeños según horarios establecidos, recomendaciones para usar transporte compartido y llevar consigo tarjetas informativas como “conozca sus derechos”, además del recurso del NILC para portar una tarjeta indicando el deseo guardar silencio y solicitar abogado.
Mientras tanto el gobierno federal refuerza un discurso firme. En comunicados oficiales recientes el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) asegura que ICE trabaja “sin pausa” durante días festivos para arrestar a los “peores criminales”, presentando esa narrativa como respuesta ante críticas sobre impacto comunitario.
Una nota publicada por EFE el 23 diciembre retrata cómo familias inmigrantes ruegan ser “invisibles” para evitar detenciones; esa palabra reaparece también en las recomendaciones dadas por algunos líderes para celebrar el Día de Reyes: menos exposición pública, menos desplazamientos y menor ruido social.
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No obstante hay quienes se niegan a vivir ocultos. “Si nos escondemos les facilitamos el trabajo —a los agentes federales— yo no vine a pedir permiso para existir; vine a criar hijos conscientes del lugar del que vienen aunque hoy tenga que rodear parques y apagar el GPS cada vez que salgo”, señala Hilda Martínez desde Nueva York.
El Día de Reyes sostiene económicamente panaderías, pastelerías y pequeños comercios; pero cuando el vecindario se retrae por temor cambian los hábitos: algunos compran rápido y se marchan; otros hacen pedidos telefónicos; otros renuncian a participar en festivales donde antes gastaban dinero; ese sentido generalizado hacia “menos calle” concuerda con el aumento reportado por The Washington Post sobre arrestos en espacios públicos y los cambios conductuales detectados por KFF ante la mayor presión del ICE.
En medio de esta tensión resulta evidente comprender el Día de Reyes entre las comunidades latinas estadounidenses como una historia fundamental: padres intentando proteger la infancia sin renunciar a su dignidad personal.
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De este modo mientras organizaciones proinmigrantes resaltan la necesidad estar preparados y conocer derechos legales; líderes comunitarios adaptan las celebraciones para evitar trampas oficiales —que insisten en mantener una misión “de seguridad” sin tregua— fruto final es una fiesta que no desaparece pero sí cambia porque sostener tradiciones como la del Día de los Reyes Magos es también una forma silenciosa pero firme de negarse a vivir doblegados. En ese ambiente complejo se siente un ánimo mezclado entre alegría cautelosa y resistencia íntima.
“Para muchas familias migrantes conservar los zapatos niños puestos junto con la rosca e intercambio pequeño puede ser una manera decir ‘seguimos aquí’, aunque festejen puertas adentro con menos publicaciones digitales o evitando grandes encuentros”, concluye Castañeda. Paralelamente donde sí hay eventos públicos prevalece un tono comunitario y solidario: reuniones cerradas o privadas con juguetes, alimentos y actividades infantiles funcionan como recordatorio fuerte del sentido pertenencia cuando la política migratoria resulta más intrusiva.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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