Fuente: Hainan Reynoso Uribe/hainan_reynoso_uribe@hoy.com.do
El hogar, principal origen de la violencia según experta en salud mental
Nadia Ventura, psicóloga clínica especializada en violencia, señala que el lugar donde con mayor frecuencia surge la violencia es, sin duda, la casa.
Aunque reconoce que tanto la escuela como la calle son espacios donde se presentan situaciones graves como bullying, acoso, robos y ataques, sostiene que el hogar suele ser el punto inicial donde se aprende y acepta este tipo de conductas. “Al final, estos comportamientos se manifiestan y crecen en otros ámbitos”, comenta.
En los casos de violencia intrafamiliar, destaca que factores como el machismo, la normalización y los estereotipos de género tienen un peso considerable. Estos estereotipos generan expectativas estrictas que derivan en críticas y posteriormente en agresiones: “¿Por qué tú, mujer, no preparaste la comida?”; “¿Por qué tú, hombre, no trajiste dinero?”. Cuando la familia funciona bajo un sistema de órdenes rígidas, el conflicto se convierte en un terreno propicio para la violencia, especialmente si esta se percibe como una “corrección” o “derecho” del que ostenta el poder.
Ventura resalta que la violencia física no siempre deja señales visibles. Puede manifestarse a través de golpes o heridas, pero también mediante tirones de cabello, sacudidas o pellizcos que no quedan marcados. En el ámbito sexual, el consentimiento es fundamental: cualquier relación sin él constituye violencia. En lo económico, controlar el dinero —no entregar lo justo, negar acceso o limitar su uso— se emplea como medio de sometimiento. En todas estas modalidades, un daño psicológico constante está presente.
Miedo y esperanza
Una de las preguntas más frecuentes que recibe es por qué muchas víctimas no denuncian y en ocasiones regresan con su agresor. Su respuesta se centra en dos factores principales. Primero está el miedo: “el miedo paraliza”.
Las amenazas suelen extenderse hacia hijos y familiares, generando una sensación constante de peligro. El segundo factor es la esperanza: la creencia de que el agresor puede cambiar y que “las cosas serán diferentes”.
La fase de “luna de miel”
Esta esperanza se nutre dentro del ciclo de violencia descrito por Leonor Walker, donde existe una etapa denominada “luna de miel”.
Durante este periodo, el agresor promete cambiar, muestra arrepentimiento y ofrece una transformación temporal que confunde a la víctima y fortalece su permanencia en la relación. Entre el miedo y la esperanza, encontrar una salida se vuelve más complicado y el silencio continúa por más tiempo.
Niños afectados
En hogares con episodios frecuentes de violencia, los niños también resultan afectados aunque no reciban golpes directos. Ventura denomina esto como un “impacto terrible” por su alcance: incide en sus relaciones interpersonales y puede generar problemas para aprender, depresión, ansiedad y altos niveles de estrés. Además, puede alterar sus hábitos alimenticios; algunos comen en exceso mientras otros pierden el apetito. Incluso advierte que pueden surgir trastornos alimentarios cuando un entorno violento se mezcla con rutinas domésticas como las comidas y con el control emocional que debería brindar el hogar.
La violencia como método educativo
La psicóloga clínica Nadia Ventura sostiene que la violencia social en República Dominicana no aparece espontáneamente sino que se aprende y normaliza desde edades tempranas, particularmente dentro del hogar.
Frases como “las pelas” o “lo hago porque te quiero” convierten el maltrato en una forma aceptada de disciplina; así quien agrede cree estar corrigiendo mientras quien recibe llega a pensar que lo merece. Esta idea alimenta una cultura donde la violencia es tolerada, repetida y luego manifestada en otros ámbitos cotidianos.
Ventura explica que los niños criados en ambientes violentos quedan emocionalmente marcados aun cuando no sean golpeados directamente. Pueden desarrollar ansiedad, depresión, estrés elevado, dificultades para aprender y problemas en su manera de relacionarse.
Incluso pueden surgir trastornos alimentarios porque el hogar deja de ser un espacio seguro para transformarse en un lugar lleno de miedo e inestabilidad; esta realidad moldea su carácter y su forma de afrontar los conflictos.
Con el paso del tiempo ese aprendizaje se proyecta a la calle, al tránsito vehicular, a la escuela y al trabajo. Por ello la especialista afirma que la violencia se reproduce como una “bola de nieve”: lo iniciado en casa se expande hacia la sociedad hasta reflejarse en una convivencia marcada por la agresividad y resolución de diferencias basada en imposiciones, gritos o humillaciones.
¿Es posible modificar a una persona violenta?
La psicóloga asegura que sí es posible cambiar a alguien violento y señala que esta es una de las preguntas más habituales en su trabajo clínico.
No obstante aclara que esa transformación no sucede por un acto espontáneo ni simplemente por decidir dejar atrás ese comportamiento. A su juicio, la violencia está sostenida por estructuras mentales profundamente arraigadas “desde un inicio”, por lo cual el proceso requiere una deconstrucción: desmontar lo aprendido, cuestionarlo y reaprender nuevas formas de relacionarse.
Afirma que esta evolución no se logra tras una o dos sesiones sino mediante un conjunto terapéutico prolongado con seguimiento continuo donde quien desea cambiar asuma voluntariamente ese compromiso. Además advierte que no basta acudir a terapia general; debe tratarse de atención especializada en violencia porque este fenómeno involucra aspectos legales, médicos y sociales complejos para los cuales no todos los terapeutas clínicos están preparados adecuadamente.
En muchos casos plantea que debe abordarse desde un enfoque multidisciplinario con participación de psicólogos expertos en violencia junto al apoyo otras ramas como psiquiatría o psicología social. Sobre si la violencia “se cura o solo se controla”, Ventura opina que puede trabajarse igual que una enfermedad: “se puede curar”, enfatiza pues considera posible reaprender y avanzar mediante un proceso terapéutico serio.
Su mensaje para quienes sienten atrapadas por la violencia intrafamiliar es claro: existe salida: “Tú mereces vivir libre de violencia… vivir plenamente y no solo sobrevivir”, alentando a buscar ayuda aunque la familia biológica no responda porque también hay una “familia elegida” capaz de apoyar ese camino hacia una vida sin maltrato.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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