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El petróleo de Venezuela, objetivo de Trump – El Heraldo de México

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Washington.- Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron utilizados como pretexto y víctimas colaterales del asalto militar en Caracas ordenado por Donald Trump.

Fuente: Columna Invitada/columna_invitada@heraldodemexico.com.mx

Washington.- Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron utilizados como pretexto y víctimas colaterales del asalto militar en Caracas ordenado por Donald Trump. La verdadera finalidad de esta operación, que violó leyes internacionales, era apropiarse del petróleo venezolano.

Trump calificó el ataque quirúrgico llevado a cabo por la Fuerza Delta, unidad élite del Pentágono, como “un ataque por la justicia”. Este grupo militar extrajo a Maduro y su esposa de Caracas para trasladarlos a Nueva York y posiblemente luego sean extraditados a Florida para enfrentar cargos relacionados con narco terrorismo, tráfico de drogas y lavado de dinero, entre otros.

Con total desparpajo y una marcada arrogancia imperialista, el sábado 3 de enero Trump se jactó de su primer logro bajo la renovada Doctrina Monroe: “Vamos a tener entrando (a Venezuela) a nuestras grandes empresas petroleras de Estados Unidos, las más grandes de cualquier lugar del mundo, gastando miles de millones de dólares y arreglando la muy malamente destruida infraestructura para comenzar a hacer dinero para el país”.

Para Trump ni importan la justicia ni la democracia ni el bienestar del pueblo venezolano. Tras remover a Maduro, quien impedía su saqueo petrolero, anunció que “un equipo” se haría cargo de una “transición apropiada y juiciosa” en Venezuela. En ese grupo esperaba contar con Delcy Rodríguez, vicepresidenta venezolana que después del ataque militar mantuvo varias conversaciones con Marco Rubio para supuestamente acatar órdenes de Washington.

Pocas horas después, ya como presidenta interina, Rodríguez apareció rodeada por militares y altos funcionarios venezolanos para desmentir lo declarado por Trump y reafirmar su lealtad a Maduro.

Hasta ahora, el presidente estadounidense ha minimizado tanto las acciones como las declaraciones posteriores de Rodríguez tras la captura de Maduro.

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Venezuela continúa bajo asedio por el portaaviones Gerald Ford, decenas de buques militares, cientos de aviones y helicópteros de ataque, así como unos 15 mil soldados del Pentágono y cientos de miembros de la Fuerza Delta.

La amenaza de un nuevo ataque bélico permanece latente. Trump afirmó que el Departamento de Guerra tiene preparada otra ofensiva militar, incluso lista para cualquier eventualidad destinada a capturar nuevamente a Maduro.

Solo falta apretar el gatillo para impedir que alguien más se interponga en el atropello imperialista y robo petrolero estadounidense.

La interpretación que hizo Trump sobre la justicia al ordenar esta ofensiva fue recuperar la industria petrolera que Hugo Chávez arrebató a empresas estadounidenses mediante la expropiación del hidrocarburo y que Maduro ha mantenido.

“Reembolsaremos a las compañías que construyeron la infraestructura del petróleo en Venezuela y nos reembolsaremos miles de millones de dólares”, advirtió Trump desde Florida el pasado fin de semana.

Tras estos hechos en Venezuela, el mandatario estadounidense no observa obstáculos para continuar con una renovación al estilo trumpiano de la Doctrina Monroe.

“Que se cuide el culo”, advirtió sobre Gustavo Petro, presidente colombiano. “Aseguraremos nuestra frontera sur y aplastaremos a los cárteles”, expresó en referencia al narcotráfico mexicano. “Pronto se estará hablando más de Cuba”, anticipó Trump dentro de las amenazas veladas lanzadas contra países americanos.

El pretexto para un ataque o invasión militar estadounidense, como ocurrió en Venezuela, podría ser la captura y eliminación de líderes o cárteles del narcotráfico o acabar con sus adversarios ideológicos.

Mientras tanto, los millones de consumidores estadounidenses permanecen sin problemas. Desde la perspectiva trumpiana son víctimas inocentes frente a villanos latinoamericanos que explotan su apetito incontrolable y debilidad ante las drogas.

Nada está más claro. La ambición imperialista de Trump es apropiarse del petróleo construido en Colombia, México, Brasil, Ecuador y otras naciones latinoamericanas por empresas estadounidenses con fines capitalistas nunca altruistas.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) resultan inútiles ante esta realidad.

POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL
PAL

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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