Fuente: Ecoavant
Estados Unidos (EE UU) ha protagonizado este sábado un hecho sin precedentes al llevar a cabo una operación militar directa en Caracas, capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro y declarar de forma explícita que asumirá el control del país hasta determinar quién debe liderarlo.
La acción, ordenada directamente por el presidente estadounidense Donald Trump, se realizó al margen del derecho internacional, sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU y con un discurso que recuerda más a las intervenciones coloniales del siglo XX que a una supuesta defensa de la democracia.
De acuerdo con la versión difundida por la Casa Blanca, durante la madrugada tropas estadounidenses irrumpieron en la residencia fortificada de Maduro, descrita por Trump como una “fortaleza en el corazón de Caracas”, mientras aviones y misiles estadounidenses atacaban varios puntos de la capital y sus alrededores. El mandatario venezolano y su esposa, la primera dama Cilia Flores, fueron capturados y trasladados al buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, desde donde serán enviados a Nueva York para enfrentar juicio en tribunales estadounidenses.
Trump ofreció una rueda de prensa acompañado por su secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio; y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, en una imagen cuidadosamente preparada para proyectar autoridad y control militar. El presidente afirmó que no hubo bajas entre las tropas estadounidenses durante la operación, aunque no proporcionó datos verificables sobre posibles víctimas civiles venezolanas, lo que ha generado numerosas críticas.
“Ya estamos aquí y permaneceremos hasta que se produzca una transición adecuada”, declaró Trump, asumiendo implícitamente el rol de potencia ocupante. “Nos haremos cargo, en esencia, para facilitar esa transición”, añadió, confirmando que Washington no solo derrocó por la fuerza a un Gobierno extranjero, sino que planea administrar el país conforme a sus propios intereses políticos y estratégicos.
Lejos de ocultar los intereses económicos detrás de esta intervención, Trump esbozó un futuro para Venezuela en el que “las enormes compañías petroleras estadounidenses, las mayores del mundo”, invertirán miles de millones de dólares para “reparar” la infraestructura petrolera nacional. Según el mandatario estadounidense, estas empresas comenzarán a “generar ganancias para el país”, una expresión interpretada como una justificación abierta del control extranjero sobre los recursos venezolanos.
El discurso presidencial refuerza las acusaciones de neocolonialismo y saqueo que han acompañado durante décadas a la política estadounidense en América Latina. Bajo la promesa de reconstrucción, Trump planteó un modelo donde la soberanía venezolana quedaría subordinada a los intereses de corporaciones energéticas estadounidenses, sin mencionar ningún papel para la población local en la toma de decisiones.
Para justificar la agresión, Trump reiteró denuncias previas contra Maduro, a quien calificó como un “dictador ilegítimo” y “líder de una amplia red criminal” vinculada al narcotráfico y terrorismo. Sin aportar evidencias nuevas, afirmó que el gobierno venezolano envió bandas criminales, incluida la organización Tren de Aragua, para “intimidar comunidades estadounidenses”, argumento usado repetidamente para sanciones y ahora para una intervención militar directa.
El presidente estadounidense también acusó a Venezuela de haberse “apoderado y robado” activos estadounidenses por valor de “miles y miles de millones de dólares”, ignorando adrede el impacto devastador de las sanciones económicas impuestas por Washington que han contribuido al deterioro económico venezolano.
Trump aseguró que Estados Unidos está listo para guiar a Venezuela en una “transición segura, adecuada y juiciosa”, al tiempo que lanzó amenazas directas a funcionarios aún presentes en el aparato estatal venezolano. En particular, advirtió a los ministros Diosdado Cabello y Vladimir Padrino que Washington está preparado para “lanzar un segundo ataque mucho mayor si fuera necesario”.
El mandatario evitó precisar si su plan contempla un despliegue prolongado de tropas en territorio venezolano, aunque reconoció abiertamente que ya hubo presencia militar. “No tememos desplegar tropas”, afirmó, aumentando los temores sobre una ocupación efectiva y una escalada bélica con consecuencias imprevisibles para la región.
Respecto al futuro político del país, Trump no mencionó explícitamente a la líder opositora María Corina Machado ni al candidato Edmundo González como posibles sucesores de Maduro. Incluso expresó dudas sobre Machado —ganadora del Premio Nobel de la Paz— afirmando que “no cuenta con el respeto del país”. Tampoco descartó a la actual vicepresidenta Delcy Rodríguez, destacando su “buena disposición” en conversaciones previas con Washington.
En un mensaje difundido en la red social X, Sánchez recordó que España no reconoció el mandato de Maduro tras el cuestionado proceso electoral de 2024, pero enfatizó que ello no legitima una acción militar unilateral. El jefe del Ejecutivo pidió a todas las partes respetar la Carta de Naciones Unidas y considerar a la población civil.
La operación en Caracas consolida una peligrosa deriva en la política exterior estadounidense bajo Trump: basada en la fuerza militar, imposición de gobiernos afines y defensa abierta de intereses corporativos. Bajo el pretexto democrático, Estados Unidos ha ejecutado una acción semejante a los episodios más oscuros del intervencionismo en América Latina, con consecuencias impredecibles para la estabilidad regional y el orden internacional.
La reacción internacional suma críticas contra esta operación estadounidense. El gobierno chino expresó estar “profundamente conmocionado” por el ataque llevado a cabo esta madrugada en suelo venezolano que terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Pekín calificó esta acción como un “acto hegemónico” contrario al derecho internacional; su Ministerio de Exteriores aseguró que “estos actos violan gravemente la soberanía venezolana y amenazan la paz y seguridad en Latinoamérica y el Caribe”.
El comunicado chino hace un llamado directo a Washington para respetar el derecho internacional y los principios establecidos en la Carta de Naciones Unidas e insta a cesar las violaciones contra soberanía y seguridad nacionales. La Embajada china en Caracas y el Ministerio recomendan además a sus ciudadanos evitar temporalmente viajar a Venezuela y reforzar medidas de seguridad evitando zonas conflictivas o sensibles ante el aumento del riesgo por los ataques militares estadounidenses.
Esta postura refleja preocupación mundial por esta operación estadounidense que no solo genera tensiones con gobiernos aliados o vecinos venezolanos sino también abre un posible conflicto diplomático con potencias como China cuya influencia e intereses en América Latina pueden verse afectados por esta acción unilateral norteamericana.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








