Fuente: Hoy Digital
Hace 16 años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a advertir sobre los posibles peligros para la salud derivados del consumo de carne, en particular de la carne roja y la procesada.
En 2014, un comité asesor internacional sugirió que ambos tipos de carne fueran priorizados para evaluación en el Programa de Monografías de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). Esta recomendación se fundamentó en estudios epidemiológicos que indicaban que un elevado consumo de carne roja o procesada podría estar asociado a un ligero aumento en el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
Aunque estos aumentos en el riesgo se consideran modestos, la IARC resaltó su importancia desde una perspectiva de salud pública, dado que el consumo de carne es alto a nivel global y sigue incrementándose, especialmente en países con ingresos bajos y medianos. Por ello, el organismo consideró esencial proporcionar evidencia científica confiable sobre la relación entre el consumo de carne y el cáncer.
En 2015, luego de revisar diversos estudios, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la mayor entidad de consumidores en España, explicó que la carne procesada —como salchichas, embutidos, carnes ahumadas y enlatadas— fue clasificada dentro de una categoría de sustancias con una relación comprobada con un aumento del riesgo de cáncer.
En ambos casos, tanto para la carne procesada como para la roja, los datos se refieren principalmente a cánceres del tracto digestivo, particularmente al cáncer colorrectal.
Los estudios analizados por la IARC señalaron que consumir 50 gramos diarios de carne procesada está vinculado a un incremento del 18 % en el riesgo de cáncer de colon. No obstante, la OCU aclara que esto no implica que ingerir esa cantidad conlleve automáticamente a tener un 18 % de probabilidad de desarrollar la enfermedad, como se ha interpretado erróneamente en algunas ocasiones.
La organización añade que, aunque existe este aumento del riesgo, su magnitud es relativamente pequeña si se compara con otros factores mucho más determinantes como el tabaquismo, el consumo habitual de alcohol, la obesidad o el sedentarismo. Aun así, reitera su recomendación de moderar el consumo de carne procesada, evitando interpretaciones alarmistas o simplistas sobre el asunto.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.










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