Fuente: Hoy Digital
Mayor riesgo de daño cardíaco por antraciclinas en pacientes con hipertensión arterial, confirma estudio español
Uno de los fármacos más empleados en el tratamiento del cáncer desde hace décadas, las antraciclinas, puede provocar daño en el corazón en ciertos pacientes. Un grupo de científicos españoles ha demostrado que este peligro se incrementa notablemente entre quienes padecen hipertensión arterial.
Este hallazgo fue realizado por investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de España, liderados por Borja Ibáñez, director científico del centro, cardiólogo de la Fundación Jiménez Díaz en Madrid y jefe de grupo en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERVC). Los resultados se publicaron en la revista European Heart Journal.
Las antraciclinas forman parte de uno de los grupos de quimioterapia más utilizados en oncología desde hace más de treinta años. Su alta eficacia contra varios tumores sólidos y hematológicos ha propiciado que sigan siendo considerados medicamentos de primera línea, administrados solos o combinados con otras terapias, según informó el CNIC en una nota oficial.
Entre los tipos de cáncer donde las antraciclinas continúan siendo fundamentales están los linfomas, leucemias, sarcomas, cáncer gástrico y diferentes subtipos de cáncer de mama.
A pesar de su gran valor terapéutico, estos medicamentos presentan un efecto adverso conocido: pueden causar cardiotoxicidad, un daño cardíaco que afecta a un pequeño porcentaje de pacientes y que puede evolucionar hacia insuficiencia cardíaca crónica. Esto ocurre aproximadamente en un 5% de los supervivientes que reciben estas terapias.
Esto implica que solo en Europa hay más de un millón de personas que viven con insuficiencia cardíaca como secuela tardía de un tratamiento que, sin embargo, les resultó curativo.
Diversos estudios epidemiológicos han evidenciado que quienes tienen condiciones cardiovasculares previas —como hipertensión arterial, diabetes, obesidad o hipercolesterolemia— enfrentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar cardiotoxicidad tras recibir antraciclinas. Entre estas condiciones, la hipertensión arterial es la que se asocia con mayor consistencia a un aumento del riesgo.
En esta investigación, realizada en un modelo experimental muy similar al humano, el equipo indujo una sobrecarga crónica de presión en el corazón —equivalente a la hipertensión arterial— durante meses antes de administrar un régimen de antraciclinas comparable al empleado en oncología clínica.
Los resultados fueron claros: aquellos sujetos con sobrecarga previa de presión desarrollaron insuficiencia cardíaca con mucha mayor frecuencia que quienes solo recibieron antraciclinas; además, presentaron una mortalidad superior y peor evolución general, replicando fielmente las observaciones epidemiológicas humanas.
“Hemos observado que ni la hipertensión ni las antraciclinas por sí solas generan un daño cardíaco severo; pero cuando coinciden, desencadenan una tormenta perfecta. Lo realmente novedoso es que identificamos una vulnerabilidad metabólica previa, silenciosa, que solo se manifiesta cuando el corazón sufre el estrés adicional provocado por las antraciclinas”, explicó Carlos Calán-Arriola, primer autor del estudio e investigador en el Laboratorio Traslacional para la Imagen y Terapia Cardiovascular.
En una etapa final del estudio se exploró una posible estrategia preventiva mediante el uso de un inhibidor selectivo empleado contra algunos daños cardíacos. En experimentos in vitro lograron prevenir el daño cardíaco inducido por antraciclinas bajo condiciones de sobrecarga de presión.
“Si estos resultados se confirman en estudios clínicos, podríamos contar con la primera terapia específicamente destinada a evitar esta complicación grave en pacientes hipertensos”, afirmó Ibáñez en la misma nota oficial, destacando las implicaciones directas que este estudio podría tener para la cardio-oncología y la cardiología preventiva.
Por su parte, Valentín Fuster, director del CNIC, resaltó la relevancia clínica del hallazgo al señalar que “identificar la vulnerabilidad antes del daño clínico es el tipo de medicina anticipatoria hacia la cual debemos avanzar. La prevención personalizada basada en mecanismos es el futuro de la cardiología moderna”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.










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