Salud

Keiry desconoce su enfermedad y los diagnósticos; simplemente anhela vivir

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Fuente: Hensy Martínez/hensy_martinez@listindiario.com

En República Dominicana ya no existen muchas opciones para Keiry; es urgente que sea trasladada a Estados Unidos, donde hay tratamientos más avanzados como inmunoterapia o un trasplante de médula ósea que podrían brindarle una verdadera posibilidad de recuperación.

Valentina González describe a su hija Keiry Victoria Bonifacio, de apenas seis años, como una niña muy valiente con una energía que ella bendice: “Mi niña es alegre, contenta, se mueve mucho a pesar de su situación”.

La historia de Keiry no comenzó en un hospital, sino hace aproximadamente un año, cuando empezó a experimentar dolores musculares intermitentes que parecían pasajeros hasta que dejaron de serlo.

En octubre de 2025, esos episodios se intensificaron y se volvieron constantes; un día el dolor se volvió tan fuerte en todas sus articulaciones que Valentina supo que no podía esperar más.

Entonces llegó el diagnóstico que ningún padre desea escuchar: Keiry tiene neuroblastoma metastásico, un cáncer infantil agresivo que ya se ha extendido a sus pulmones y huesos.

Keiry había cumplido años en septiembre; semanas después, esa alegría y celebración se transformaron en tristeza para una madre que, con una fortaleza increíble, se aferró a Dios y a sus seres queridos.

“Al llegar a casa me derrumbé en lágrimas; durante todo el camino pensé solo en que mi niña estaba en manos de Dios, segura y que recibiría sanación en su nombre”, rememora Valentina.

Desde ese momento, la vida de Keiry se ha basado en ciclos de quimioterapia y resultados médicos. Fue ingresada en el Hospital Infantil Arturo Grullón, en Santiago, donde comenzó un tratamiento que incluye ocho sesiones de quimioterapia.

Las primeras cuatro sesiones trajeron esperanza; las siguientes revelaron una realidad difícil de aceptar: el cáncer está alojado en sus huesos y no responde al tratamiento.

La enfermedad de Keiry no solo ha afectado su cuerpo, sino también a quienes la rodean.

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Su hermanita Vaioleth, de cuatro años, vive actualmente con sus abuelos. No es por falta de cariño, sino debido a los cuidados intensivos, las visitas frecuentes al hospital y el débil sistema inmunológico de Keiry; Valentina tuvo que tomar una decisión dolorosa y ahora solo puede verla cada 15 días.

Recomendación médica: urgente y clara

En República Dominicana ya no hay mucho más por hacer; Keiry requiere ser trasladada con urgencia a Estados Unidos para acceder a tratamientos avanzados como inmunoterapia o trasplante de médula ósea que podrían ofrecerle una verdadera oportunidad de curación.

Aquí es donde Valentina, cariñosamente llamada “Nana”, se encuentra sin recursos para enfrentar esta situación.

“Soy una madre sin medios para trasladar a su hija a otro país”, expresa con voz quebrada pero decidida. No tiene visa, ni cuenta bancaria solvente ni seguro médico internacional.

Los hospitales consultados, como Montefiore en Nueva York y Nicklaus Children’s Hospital en Miami, exigen un seguro internacional que ella no posee y el costo privado del tratamiento oscila entre uno y tres millones de dólares.

Mientras tanto, los médicos en República Dominicana han decidido continuar con las cuatro quimioterapias restantes mientras Valentina lucha contra el tiempo para hallar una solución; sin embargo, el cuerpo de Keiry podría llegar a rechazar las quimioterapias hasta un punto irreversible.

Keiry no puede someterse a cirugía porque aunque le retiraran el tumor abdominal, el cáncer persistiría en sus huesos; por eso la única opción real es sacarla del país para evaluarla para trasplante o inmunoterapia.

Sigue siendo una niña

Un domingo, al regresar del hospital, la niña miró a su madre y preguntó inocentemente:

“Mami, ¿ya estoy sana? ¿Eso dijo la doctora? Porque quiero una sopa china”.

Valentina relata ese instante con voz quebrada: “Me partió el corazón porque no supe qué decirle”.

Keiry desea jugar, asistir a la escuela y compartir con otros niños como cualquier niña de su edad, pero no puede hacerlo debido a sus bajas defensas.

Ella desconoce que tiene cáncer; para ella este proceso se trata solo de tratar sus dolores musculares mientras le pide a su madre que no le corte el cabello porque quiere tenerlo largo.

“Cuando comenzó a perder cabello no lloró ni se entristeció; mi prima Leidy le contó un cuento sobre una niña cuyo pelo cayó para luego crecer más largo y bonito”, comenta Nana, quien asegura que su hija lo ha asumido con cierta naturalidad al ver también otros niños con la misma condición en el hospital.

Además, Nana destaca que después de cada quimioterapia Keiry necesita donaciones de sangre tipo A-, porque su hemoglobina baja considerablemente debido al tratamiento.

Senasa, el seguro al que pertenece Keiry, cubre el 80% del tratamiento; la diferencia restante del 20%, aproximadamente seis mil pesos, es cubierta por Valentina con ayuda solidaria y voluntariado hospitalario. Esto sin contar medicamentos ni la dieta estricta que debe seguir Keiry.

A pesar de todo ello, Valentina no pierde la esperanza.

“Mi hija tiene ganas de vivir y mientras esté viva seguiré luchando y tocando puertas porque como padres eso es lo único que nos queda: luchar por nuestros hijos”, afirma.

Hoy esta madre está con el corazón en las manos pidiendo sabiduría y fuerza a Dios; sabe también que una ayuda concreta podría ser vital para lograr el traslado urgente de su hija a Estados Unidos.

“Porque Keiry no está pidiendo lo imposible; está pidiendo tiempo. Está pidiendo una oportunidad”, concluye.

Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.

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