Fuente: ElNacional.cat
San Luis (Territorio de Misuri), 15 de julio de 1806, hace 220 años, Zebulon Pike, capitán del ejército estadounidense, partía al frente de un contingente de 23 hombres para explorar la parte alta del río Misuri, en la antigua colonia francesa de Luisiana adquirida por Estados Unidos en 1804. Durante esta expedición, Pike y su equipo ingresaron en tierras texanas —entonces parte del virreinato español de Nueva España— y realizaron mapas del área. Quince años antes de que Stephen Austin, conocido como el padre de Texas, estableciera trescientas familias estadounidenses en la región baja del río Brazos, al sur del actual Houston, Washington ya había puesto su atención y ambiciones sobre Texas. Pero, ¿cómo se desarrolló esta historia?
Las evidencias documentales indican que las autoridades españolas detuvieron a Pike y sus hombres acusándolos de espionaje y los encarcelaron en Santa Fe (actual Nuevo México) el 26 de febrero de 1807. Tras un mes y varias gestiones por parte del gobierno norteamericano, fueron liberados el 27 de marzo de 1807 y regresaron a Estados Unidos. Pike aseguró que durante su cautiverio los españoles le robaron sus cuadernos y mapas. Sin embargo, quince años más tarde, cuando México había logrado su independencia en septiembre de 1821 y aquella expedición parecía olvidada, apareció Stephen Austin, quien con el tiempo sería reconocido como el padre de Texas.
La cronología muestra cómo se fue armando esta trama. México inició su lucha por la independencia en 1810, tres años tras la expedición de Pike, pero no fue hasta 1821 —once años después y tras una guerra con más de un millón de muertos— que los independentistas comenzaron a imponerse con el Plan de Iguala del 24 febrero. En ese contexto, varios oficiales criollos del ejército colonial pasaron a apoyar al líder insurgente Iturbide. Fue entonces cuando Stephen Austin tuvo un encuentro clave en Nueva Orleans con Juan Erasmo Seguín, general colonial que había cambiado al ejército mexicano, el 25 de julio de 1821; este encuentro conduciría a las trescientas familias pioneras estadounidenses hacia Texas.
Juan Erasmo Seguín, personaje con raíces catalanas —descendiente del judío converso menorquín Joan Seguí— actuó como intermediario. Estrecho colaborador del nuevo gobernador mexicano en Texas, Antonio María Martínez, escoltó a Austin y su grupo hasta San Antonio el 12 de agosto de 1821. Tras esto, Seguín desapareció y Austin pasó a ser el único representante ante las autoridades mexicanas para los colonos norteamericanos. Negoció la instalación definitiva y finalmente el gobierno mexicano les vendió cerca de 200.000 acres (aproximadamente 90.000 hectáreas) en Brazoria —entre la actual Houston y la costa— consumándose así el primer asentamiento estadounidense formal el 1 de diciembre de 1821.
El Imperio español nunca contó con suficiente población ni interés político-económico para impulsar la colonización en Texas. Por ello, cuando los primeros colonos norteamericanos se establecieron en Río Brazos, el vasto territorio texano —de extensión similar a la península Ibérica— apenas tenía unos 25.000 habitantes: 5.000 criollos y 20.000 nativos americanos. Esta fue la verdadera debilidad que afectaba a la soberanía mexicana sobre Texas. Desde un principio quedó clara la estrategia tanto del padre de Texas como del gobierno estadounidense bajo la presidencia de James Monroe —autor de la proclama “América para los americanos”— que consistía en fomentar una sustitución poblacional que hiciera que esta nueva sociedad texana se orientara hacia Estados Unidos mediante sucesivas oleadas colonizadoras.
Agustín de Iturbide, primer gobernante independiente mexicano, pronto detectó las intenciones estadounidenses y prohibió vender tierras a nuevos colonos extranjeros. No obstante, tras su caída política en 1823 y fallecimiento en 1824, los norteamericanos lograron presionar para revocar esa medida en 1825. Entre 1825 y 1829 Austin junto al gobierno estadounidense promovieron varias olas migratorias que culminaron con la sustitución demográfica prevista. El censo texano de 1833 reflejó una población total de 30.000 habitantes: 16.000 anglosajones, 11.000 esclavos negros traídos por los colonos norteamericanos y solo 5.000 criollos hispánicos (los nativos americanos fueron desplazados a otras zonas).
Todo lo sucedido posteriormente fue consecuencia directa del despliegue estratégico estadounidense. Esto se evidencia aún más en detalles poco conocidos como el financiamiento parcial del gobierno estadounidense para aprovisionar a las trescientas familias pioneras durante su traslado (julio-agosto de 1821) hasta su asentamiento definitivo (diciembre de 1821). Los hechos posteriores —la proclamación republicana independiente texana (1836) junto al episodio emblemático del Álamo ese mismo año— y la anexión a Estados Unidos en 1846 —cuando Texas pasó a ser un Estado más dentro de la Unión— constituyen etapas sucesivas dentro del plan diseñado desde la Casa Blanca para incorporar aquel territorio.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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