Fuente: Cecilia Durán Mena/cecilia_duran_mena@forbes.com.mx
Innovación tecnológica en CES 2026: la inteligencia artificial domina el panorama
Cada año, el Consumer Electronics Show (CES) en Las Vegas nos ofrece indicios sobre las direcciones que tomará el avance tecnológico. Este evento tecnológico funciona como un barómetro preciso que señala hacia dónde se dirigirá la tecnología mundial en los próximos doce meses. En la edición más reciente, celebrada a comienzos de año, quedó patente que el eje central no es una pantalla de mayor tamaño, un gadget futurista o una función inédita: el protagonista absoluto es la inteligencia artificial (IA) en todas las áreas de innovación. Hasta aquí, la tendencia era esperada; lo que sorprende son los rápidos progresos presentados.
Lo que sucede en Las Vegas ahora sí trasciende fronteras. Se observa un fenómeno sólido e innegable: la Inteligencia Artificial ha dejado de ser solo una etiqueta o un asistente digital que responde a órdenes. Actualmente, las compañías están incorporando sistemas de IA como capas omnipresentes y autónomas que operan tras bambalinas en automóviles, electrodomésticos, hogares inteligentes, robots e incluso pantallas y dispositivos personales. Ciertamente, esta realidad ya forma parte de nuestra experiencia cotidiana.
Sin embargo, lo que los líderes del sector anticipaban se ha convertido en una realidad tangible con la cual convivimos día a día. La IA ha evolucionado desde una herramienta reactiva hasta transformarse en una presencia proactiva capaz de prever necesidades, organizar tareas y ejecutar acciones sin que el usuario tenga que invocarla constantemente. Es evidente que nuestros dispositivos parecen conocernos mejor que nosotros mismos.
La novedad más destacada y tendencia principal del CES 2026 fue la “Physical AI”. Esta representa una sorpresa ya integrada en objetos, máquinas y robots con forma física palpable. Se exhibieron robots domésticos para realizar labores habituales —como la serie CLOiD de LG— y asistentes industriales que trabajan junto a humanos. El futuro está aquí y no es ciencia ficción. Esta corriente no solo presenta productos curiosos o futuristas, sino que abre la puerta a un tema mayor: la industrialización inteligente. La IA ya no se limita a servidores o dispositivos móviles; ahora interactúa con el entorno físico. Pronto veremos cómo estos dispositivos reorganizan almacenes, optimizan cadenas logísticas o colaboran en el cuidado de personas mayores y entornos domésticos complejos. Esto resulta esperanzador.
Parece que transitamos de la eficiencia hacia la democratización: IA para todos. La expansión de esta tecnología va más allá de las grandes compañías tecnológicas. Plataformas abiertas y herramientas de código libre —como infraestructura para investigación médica— están permitiendo que pequeñas empresas e investigadores independientes accedan a capacidades avanzadas sin depender exclusivamente de los grandes proveedores. Esta ventaja conlleva profundas implicaciones: impulsa la competencia, disminuye las barreras de entrada y puede acelerar la innovación a gran escala. Aunque los pesos pesados continuarán marcando el ritmo, se abre la puerta para que ideas emergentes y aplicaciones especializadas prosperen.
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Cuando la IA anticipa nuestras necesidades, gestiona decisiones diarias y participa activamente en acciones cruciales —como salud, movilidad o educación— se vuelve indispensable cuestionarnos: ¿qué rol desempeña el ser humano? ¿Quién supervisa las decisiones automatizadas? ¿Cómo garantizamos privacidad, igualdad de oportunidades y rendición de cuentas? ¿De qué manera defendemos nuestra integridad humana?
Estas preguntas son relevantes. Cada visita a una feria nos llena de asombro ante las novedades. Ya sea moda, libros o mobiliario, sentimos curiosidad por conocer las tendencias que marcarán la próxima temporada: colores, estilos y temáticas.
Pero el avance tecnológico nos invita a reflexionar profundamente. Es fundamental entender que la IA no es un simple juguete; debemos aprender a comprenderla y usarla adecuadamente. Indudablemente, el asombro es la emoción predominante al observar la tecnología exhibida en CES 2026: desde enormes pantallas y robots domésticos hasta sistemas inteligentes que conducen vehículos u organizan procesos industriales. Sin embargo, su verdadero valor radicará no en lo espectacular que resulte la IA, sino en cómo se integra responsablemente en nuestras vidas, empresas y sociedades.
Nos corresponde dirigir y orientar este progreso. La Inteligencia Artificial debe servir a la Inteligencia Humana, contribuir a democratizar y fomentar la igualdad, evitando convertirse en una tiranía o ampliar las brechas entre las personas. Sería lamentable que quienes carecen de oportunidad para manejar estos avances queden marginados o excluidos.
Es esencial contemplar nuestro futuro con evaluaciones sostenibles y responsables. No podemos separar el desafío ético del desarrollo tecnológico. No basta con avanzar sin analizar profundamente hacia dónde nos lleva este progreso ni sus consecuencias. La integración profunda de IA en los ámbitos productivos y sociales plantea interrogantes que superan la fascinación por lo novedoso.
Está claro: este festival tecnológico nos recuerda que la IA ya no es una promesa futura; es la infraestructura invisible que sostiene nuestro presente y, si no actuamos con cuidado, también nuestras desigualdades y vulnerabilidades. Hoy debemos preguntarnos no si tendremos IA por doquier sino cómo establecer marcos éticos, educativos y regulatorios que aseguren que esta tecnología potencie nuestras capacidades sin comprometer nuestros valores fundamentales.
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Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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