Fuente: Hoy Digital
La incertidumbre económica no representa una novedad en América Latina. Para una generación que creció inmersa en crisis constantes, inflación persistente y un mercado laboral cada vez más vulnerable, emprender dejó de ser una meta idealista para transformarse, en numerosos casos, en una necesidad. Es en este contexto donde se enmarca el recorrido de Leandro López, un emprendedor que, tras varios intentos sin éxito, halló en el comercio electrónico una vía viable para generar ingresos y desarrollar un proyecto propio.
Su trayectoria no comenzó con una idea innovadora ni con resultados inmediatos. Antes de dedicarse al e-commerce, López experimentó con trading, marketing de afiliados, dropshipping, Amazon FBA y otros modelos digitales que prometían soluciones rápidas. Ninguno logró mantenerse a largo plazo. Esta serie de ensayos y errores, lejos de ser inusual, refleja la experiencia común entre jóvenes que buscan alternativas frente a un panorama económico incierto.
Con el tiempo, López comprendió que el problema no residía en lo digital sino en la expectativa de encontrar atajos. Emprender, incluso a través de internet, requiere procesos, aprendizaje constante y una dosis de paciencia que muchas veces se subestima. Esta reflexión lo llevó a focalizarse en el comercio electrónico mediante Mercado Libre y a adoptar una forma de trabajo más ordenada, centrada en construir un negocio sólido y no solo en obtener ventas aisladas.
El crecimiento del comercio electrónico en la región explica por qué esta ruta resulta atractiva. En años recientes, las ventas online se expandieron incluso en países con economías frágiles. Sin embargo, tener acceso a una plataforma no asegura resultados. Muchos emprendedores ingresan sin planificación previa, confiando en que la visibilidad digital resolverá por sí sola la falta de estrategia. La experiencia de López evidencia que esa lógica suele conducir a la frustración y al abandono prematuro.
A partir de ese aprendizaje, comenzó a operar desde su propia consultora, un espacio desde donde acompaña a estudiantes, comerciantes y emprendedores interesados en profesionalizar su actividad dentro del e-commerce. La mayoría llega con recursos limitados y un alto nivel de incertidumbre no solo económica sino también personal. En este contexto, el acompañamiento y la creación de comunidad juegan un papel fundamental para sostener el proceso.
Los testimonios de personas que empezaron desde cero y lograron mantener ventas en pocas semanas se repiten con distintas variantes. Más allá de los resultados específicos, emerge una constante: la relevancia de no transitar el camino en soledad. Compartir errores, dudas y aprendizajes disminuye el riesgo de abandono y facilita avanzar con mayor claridad en un entorno competitivo.
Especialistas del mercado laboral advierten que las nuevas generaciones enfrentan niveles superiores de precariedad y menor estabilidad respecto a las anteriores. En este marco, el emprendimiento digital surge como una respuesta pragmática. No se trata de idealizar el esfuerzo ni negar las dificultades, sino de aceptar que para muchos intentar construir algo propio es una manera de adaptarse a un sistema que ofrece pocas garantías.
La experiencia de López también evidencia la necesidad de profesionalización. Vender online implica entender logística, atención al cliente, manejo de inventarios y costos. Sin estos aspectos, incluso los proyectos con entusiasmo inicial suelen fracasar. Transformar la intuición digital en un negocio real requiere método y perseverancia.
Emprender en épocas de crisis no garantiza estabilidad inmediata ni elimina la incertidumbre. Pero como refleja el camino recorrido por Leandro López, puede convertirse en una forma de ganar autonomía, aprender del error y construir alternativas en un contexto donde las certezas son escasas. Más que una historia exitosa, su caso simboliza una adaptación generacional a un escenario donde emprender dejó de ser una opción deseable para transformarse en muchas ocasiones en la única posibilidad viable.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.










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