Fuente: Pedro Briceño/pedro_briceno@listindiario.com
Agustín, con apenas 8 años, no se sentía satisfecho jugando en los espacios más reducidos del campo, lo cual se convirtió en un incentivo para superarse.
Poder participar en el área más pequeña del play fue para el joven Agustín Ramírez una fuente de inspiración que impulsó sus deseos de crecer y actuar junto a niños mayores durante el tiempo más breve.
“Papá, ya no quiero jugar en la esquinita”, le decía frecuentemente Agustín, que a esa edad jugaba en la categoría infantil, mientras que los niños que participaban en las pequeñas ligas (de 10 a 12 años) disfrutaban de los espacios más amplios en el play de Lee, en Los Alcarrizos.
Su padre, también llamado Agustín, le contestaba: “Hijo mío, para esto tienes que ganarte los golpes de los chicos a quienes les lanzan para que te suban de categoría y entonces puedas jugar en la parte más grande del parque”, intentando no apagar la ilusión ni el deseo de progreso que tenía para convertirse en pelotero.
Con solo ocho años, tomó este reto como su primer gran desafío dentro del béisbol y, pocas semanas después, llegó con la noticia de que había sido ascendido al equipo mayor, aunque aún tenía esa edad.
Quizás ahí comenzó en Agustín —quien hoy se prepara para su segunda campaña con los Marlins— ese hambre por trabajar intensamente, superar cualquier obstáculo en su camino, firmar como profesional y alcanzar su próximo objetivo: integrar un equipo de Grandes Ligas.
No importa que haya nacido en Barrio Landia, Los Alcarrizos, una de las zonas con mayor índice de violencia en la capital; Agustín nació para jugar béisbol, prácticamente el único deporte al que se aferró desde niño, siempre rodeado de bates, guantes y pelotas.
Su madre, Leonarda García, cuenta que desde sus inicios su esposo solo vio al béisbol como el único deporte verdadero. Según ella, Agustín heredó los genes familiares; recuerda que a su padre le apodaban Mateito en Nagua por la delicadeza con la que bateaba el otrora campeón bateador de la Liga Nacional con los Piratas, quien tuvo .342 en 1966.
“Siempre estaba con un bate en las manos y jugando béisbol; sabía que Agustín sería pelotero algún día”, afirma ella.
Y su hijo no la defraudó: desde que firmó con los Yankees en 2018 ha trabajado duro para mejorar en cada etapa; incluso en las Menores llegó a promediar 25 jonrones y 93 carreras impulsadas durante 2024 en varios circuitos.
Para Ramírez ha valido cada esfuerzo por progresar tras ser traspasado por los Yankees a los Marlins el 27 de julio de 2024. Menos de un año después, el 20 de abril fue convocado por Miami.
“Sabía que mi oportunidad llegaría; trabajé mucho para conseguirla”, comenta el receptor sobre su ascenso y sus números: 21 jonrones, 33 dobles, 67 impulsadas y un promedio de .231. Estos resultados le valieron ocupar el sexto puesto en la carrera por Novato del Año en la Liga Nacional.
Convocado para el
Clásico Mundial
Ya recibió la invitación para formar parte del equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol, aunque aún no ha tomado una decisión definitiva; sin embargo, está optimista sobre representar al país. “Sería una experiencia muy bonita jugar para Dominicana”, dice el pelotero, quien sigue trabajando para perfeccionar tanto su bateo como su defensa.
Padres sorprendidos
con llamada
Tras ser llamado al equipo grande, mientras su madre viajaba desde Nagua y su padre trabajaba en Pasteurizadora Rica, Agustín realizó inmediatamente una videollamada y entre lágrimas compartió la noticia más importante hasta ahora.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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