Fuente: Listin diario
Cerca de 70 economistas europeos han enviado una carta abierta a los eurodiputados, alertando sobre el euro digital, que vuelve a situarse en el centro del debate político. Este proyecto, impulsado por el Banco Central Europeo (BCE), plantea una cuestión fundamental: ¿quién tendrá el control de la moneda y los pagos en el futuro mundo digital?
Desde el inicio, es importante aclarar que el euro digital aún no existe. Por ahora, se trata de una iniciativa promovida por el BCE que podría materializarse en 2029.
Aunque el proyecto pueda parecer abstracto, en realidad es bastante concreto. El euro digital sería una nueva forma de euro emitida directamente por el BCE, pero en formato digital. En esencia, sería moneda de banco central, como los billetes y monedas actuales, con la diferencia de que no tendría soporte físico. Se guardaría en una cartera digital, por ejemplo, dentro de un teléfono inteligente.
Surge entonces la pregunta: ¿no es ya dinero digital el que usamos al pagar con tarjeta bancaria? La respuesta es a la vez afirmativa y negativa. Los pagos son desmaterializados, pero la moneda empleada no es idéntica. El dinero que vemos en una cuenta bancaria es creado por bancos comerciales, y cada transacción pasa por una cadena de intermediarios privados: bancos, redes de tarjetas y proveedores tecnológicos. Con el euro digital, esta estructura cambiaría, ya que el pago se efectuaría directamente con moneda de banco central, sin intermediarios, tal como si se entregara un billete pero en formato digital.
El objetivo del euro digital no es eliminar el dinero en efectivo. Su función sería complementaria, ofreciendo simplemente una nueva opción de pago para ciudadanos y empresas. Sin embargo, la principal razón por la cual este proyecto está hoy en debate es la cuestión de soberanía. Europa ha tomado conciencia de su elevada dependencia respecto a actores no europeos, principalmente estadounidenses, debido a los sistemas actuales de pago.
Las cifras ilustran esta dependencia: siete de cada diez pagos con tarjeta en Europa se realizan mediante Visa o Mastercard. Además, servicios como PayPal, Apple Pay o Google Pay están ganando terreno en las transacciones diarias. Durante mucho tiempo esta dependencia no fue crítica, pero el panorama geopolítico ha cambiado radicalmente. Si mañana estas tecnologías estadounidenses dejaran de estar disponibles o sufrieran restricciones, el sistema europeo de pagos podría verse seriamente afectado o incluso colapsar.
A esto se añade otro fenómeno: la proliferación de las stablecoins, monedas digitales privadas mayoritariamente vinculadas al dólar. Estados Unidos impulsa su desarrollo como forma de fortalecer la preeminencia del dólar en las finanzas digitales globales. Esto implica que si usted paga con una stablecoin en dólares mañana, en realidad no estaría utilizando euros para su pago.
Frente a esta situación, Europa busca crear su propia alternativa: el euro digital. Pero queda la duda: ¿podrá este proyecto funcionar efectivamente? Ese es el nodo principal del debate actual. En su reciente artículo, 70 economistas europeos defienden que el euro digital permanezca como una moneda pública sin intermediación bancaria tradicional. Esta postura choca con el escepticismo del sector bancario, que teme una posible fuga masiva de depósitos.
Por tanto, se trata de un asunto especialmente delicado. Bruselas debe lograr un equilibrio complicado: ofrecer una moneda digital pública creíble a nivel mundial capaz de competir con las alternativas estadounidenses, sin debilitar al sistema bancario europeo. Es un desafío considerable dado que se considera su posible lanzamiento dentro de aproximadamente tres años, en 2029.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









Agregar Comentario