Fuente: Hoy Digital
Líderes democráticos en América Latina: alta aprobación y debilitamiento institucional
En América Latina se presenta una paradoja preocupante: autoridades elegidas mediante procesos democráticos han acumulado poder, debilitado las instituciones y limitado libertades, mientras mantienen elevados índices de respaldo popular. Este fenómeno se observa desde Bukele hasta Chávez, y de López Obrador a Bolsonaro. Paralelamente, países con democracias consolidadas como Chile enfrentan profundas crisis de insatisfacción ciudadana hacia el sistema democrático. ¿Cómo explicar esta desconexión entre las estructuras institucionales y la percepción ciudadana?
Parte de la explicación radica en las expectativas que tiene la población sobre la democracia y su comprensión del concepto. Un sistema democrático puede ajustarse a las reglas electorales y aún así generar descontento si falla en ofrecer justicia, inclusión o aspectos esenciales como la igualdad. Por otro lado, un gobierno que traspasa límites constitucionales puede conservar apoyo si promete orden, protección o redistribución.
Estos hallazgos provienen de una encuesta realizada a 432 líderes sociales y comunitarios de diez países en América Latina y la región amazónica por el Observatorio para la Democracia en América Latina, dependiente de la Asociación de Universidades Jesuitas en América Latina (AUSJAL). El cuestionario indagó sobre sus percepciones, valoraciones y expectativas respecto a la democracia y sus instituciones, dado que estos líderes son actores clave en el vínculo entre ciudadanía e instituciones y suelen captar antes que otros las fracturas y oportunidades del sistema político.
Democracia: expectativas versus realidad
Antes de analizar el apoyo a la democracia surge una pregunta fundamental: ¿a qué tipo de democracia nos referimos? El término admite diversas definiciones que no siempre coinciden. Por ello es esencial comprender qué entienden los líderes sociales cuando hablan de democracia para identificar qué esperan de ella.
Para ellos, la palabra que primero asocian con democracia refleja claramente su visión: la participación es el núcleo central del concepto. Asimismo resaltan la libertad, especialmente la libertad de expresión, junto con valores como igualdad, justicia, derechos, bien común y diálogo. En suma, para estos liderazgos sociales, la democracia debe ser un sistema sustantivo que garantice derechos, fomente inclusión y permita a la ciudadanía influir efectivamente en las decisiones públicas.
Este esquema conceptual revela un elemento clave: los líderes sociales latinoamericanos tienen una visión exigente y profunda de la democracia, más allá de sus aspectos electorales, evaluándola por los resultados que genera para la sociedad. Comprender esta perspectiva es fundamental para interpretar tanto el respaldo como las críticas dirigidas al funcionamiento democrático en la región. La población no ha abandonado la democracia; ha dejado de creer que solo votar es suficiente.
La dimensión más valorada es también la menos cumplida
El énfasis en elementos sustantivos como participación, justicia, libertades o igualdad contrasta con el enfoque predominante en mucha literatura académica y discursos políticos, donde se suele definir la democracia principalmente como competencia electoral. En cambio, entre los líderes sociales las nociones estrictamente institucionales tienen escasa relevancia. Por ejemplo, solo el 13 % mencionó “elecciones libres y competidas” como mejor definición de una “verdadera democracia”. Sin embargo, al preguntar por el tipo de democracia presente en sus países, las respuestas difieren: el 63 % considera que viven en una democracia mayormente electoral; apenas un 16.5 % cree que se trata de una democracia participativa; y un 8 % manifiesta una crítica severa afirmando que su nación no encaja en ninguno de estos dos tipos. Esta última postura es especialmente común en Venezuela y El Salvador.
De estos datos surge una conclusión preocupante: buena parte de los países cuenta con democracias que cumplen parcialmente con procedimientos electorales pero fallan en sus promesas sustantivas. Son sistemas que mantienen elecciones pero no garantizan derechos ni experiencias democráticas reales para los ciudadanos. Así, el 63.7 % de los líderes sociales encuestados califica sus democracias nacionales como “democracias con grandes problemas”, mientras casi un cuarto (23 %) afirma que “no es realmente una democracia”.
Estas evaluaciones insatisfechas crean un terreno propicio para el avance autoritario, que ofrece respuestas rápidas ante la aparente ineptitud institucional democrática.
Reducir la brecha: agenda desde la ciudadanía
Para frenar la erosión democrática actual en América Latina es imprescindible considerar seriamente las demandas ciudadanas. La democracia electoral es necesaria pero insuficiente. Si no asegura libertades, justicia, participación e igualdad, otros actores —a menudo autoritarios o populistas— ocuparán ese espacio prometiendo satisfacer esas necesidades. Los líderes sociales entrevistados no piden regresar a modelos populistas ni romper el orden constitucional; reclaman una democracia más profunda que no se agote en competencia por el poder sino que garantice acceso real a derechos y libertades.
La defensa democrática no puede descansar solo en mecanismos institucionales; debe conectar con las expectativas y prácticas cotidianas de quienes sostienen lo social. Reconstruir confianza requiere fortalecer canales auténticos de participación, garantizar justicia equitativa y accesible, proteger libertades ante inseguridad y polarización y construir Estados capaces de responder eficazmente. Esa es la democracia reclamada por los líderes sociales; esa es la deuda pendiente para toda la región.
Azul Aguiar Aguilar es Presidenta de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas. Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Florencia (Italia). Es profesora del departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos del ITESO y enseña también en la Universidad de Guadalajara (México).
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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