Para muchos, la República Dominicana caminaba por un túnel sin salida. Durante años, la Embajada de los Estados Unidos y sus agencias satélites fueron percibidas no como aliadas diplomáticas, sino como un comité político extendido del gobierno de turno. Un híbrido confuso donde la USAID, la agenda del Partido Demócrata y una élite empresarial dominicana se fusionaron para tomar el poder en 2020.
Pero el 4 de noviembre de 2025, el tablero cambió. La llegada de Leah Campos fue recibida como un rayo de luz.
El protocolo dictaba una fiesta de credenciales, pero Campos eligió la fe. Antes de pisar el Palacio Nacional, fue a la iglesia. Un gesto calificado como “sin precedentes” por analistas como Julio Hazim. En un país donde la USAID había normalizado la agenda progresista, lo tradicional de repente parecía extraño.
Fuentes cercanas al Palacio sugieren que este gesto irritó al gobierno de Luis Abinader. Para nadie es un secreto que la actual administración escaló al poder bajo el ala de los intereses demócratas y la USAID. Bajo ese esquema, la República Dominicana comenzó a transformarse: hombres que se percibían como mujeres, banderas de orgullo en instituciones públicas y la actual Ministra de la Policía intentaba desplazar la Biblia de las escuelas.
Bajo ese esquema de degradación social, la agenda era evidente. En este contexto llega Leah Campos, vista por sectores oficialistas como una “yankee imperialista”, debido a que muchos actores del partido de gobierno provienen de una izquierda radical, ex comunistas, y los mas moderados eran financista de guerrilleros que históricamente lucharon contra los intereses estadounidenses.
Los observadores no se sorprendieron cuando, en su primera entrevista, se intentó censurar cualquier mención sobre la USAID. Este ecosistema, motorizado por grandes donantes demócratas, se sintió amenazado. Sin embargo, Leah Campos se mantuvo firme y exigió hablar de la agencia, generando preocupación en el socialismo dominicano, cuyos actores permanecen activos en el sistema judicial, político, empresarial y periodístico.
Leah Campos “nada entre tiburones”. Por ello, sectores cristianos mantienen una cadena de oración por ella. Incluso la dignidad de su cargo fue atacada. Comunicadores como Oscar Medina intentaron reducir su figura política a un objeto, sexualizándola y sugiriendo que “estaba buena” o que pronto “conseguiría un novio dominicano”. Una muestra clara de la degradación psíquica de quienes creen que todo se puede corromper.
Leah Campos defendió el cierre de la USAID en ciertos contextos y las postura del secretario de Estado, Marco Rubio. Las malas actuaciones de la DEA fueron catalogadas de “repugnante” por la embajadora lo que deja claro que ella está alineada con los intereses de Donald Trump y Marco Rubio. Ella no se va dejar corromper y está claro, y lo sucedido en la administración demócrata anterior va ser erradicado. Los “narcisos” dominicanos han caído al ver su propio reflejo en la firmeza de Campos.
Sin embargo, hay un tema pendiente en la agenda: la libertad de expresión. De los labios de la embajadora aún se espera un pronunciamiento sobre:
• La censura en redes sociales.
• La persecución a periodistas independientes.
Es necesario que la embajadora conozca que muchos medios tradicionales y periodistas de trayectoria tienen vínculos profundos con el comunismo. Mientras tanto, una nueva generación de comunicadores entiende el valor de los cambios impulsados por el presidente Donald Trump, buscando una comunicación libre y sin persecución.
Casos emblemáticos de esta persecución incluyen a medios digitales como:
• La Quinta Pata (José Maracallo).
• Kapulett (Luis Alfredo Cabrera).
• La Tora TV (Claudia Pérez).
Se ha documentado cómo el gobierno y ciertos sectores empresariales han conspirado para perseguir a estos periodistas. Recientemente, se reveló que Nuria Piera ha utilizado el mismo “testigo anónimo” para casos distintos, como el del FEDA, FADUL y las acusaciones contra Kapulett y La Quinta Pata.
Todo está dado para la aplicación de la Ley Global Magnitsky. El pueblo espera que se cumpla la promesa de retirar visados a quienes censuran y persiguen, protegiendo así los intereses reales y los valores cristianos que unen a ambas naciones.








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