Fuente: Hoy Digital
El aumento económico continúa siendo uno de los principales indicadores para evaluar el desempeño de un país, pero en 2026 el verdadero desafío no radica solo en crecer, sino en hacerlo con un propósito definido. La República Dominicana ha demostrado una destacada habilidad para expandirse en los últimos años, impulsada por sectores como el turismo, las zonas francas, la construcción y las remesas. Sin embargo, la tarea actual consiste en convertir ese crecimiento en un bienestar sostenible para la población. Un desarrollo sólido debe reflejarse en mejores salarios, mayor productividad y oportunidades reales de empleo formal. Para alcanzar este objetivo, es necesario fortalecer la inversión en capital humano, promover la innovación tecnológica y facilitar el acceso al financiamiento para las pequeñas y medianas empresas. Además, el avance del mercado de valores dominicano constituye una herramienta esencial para canalizar recursos hacia proyectos productivos a largo plazo.
La estabilidad macroeconómica ha sido un pilar crucial, pero ahora es momento de avanzar en reformas que favorezcan mayor competitividad, simplifiquen la regulación y garanticen seguridad jurídica. De igual forma, la incorporación de la economía digital y la transición hacia energías limpias pueden convertirse en motores estratégicos del crecimiento venidero. El crecimiento económico no debe ser evaluado únicamente por las cifras del PIB, sino por la capacidad de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. La meta es clara: una economía dinámica, inclusiva y preparada para enfrentar los retos globales. Solo así podrá la República Dominicana consolidar un desarrollo sostenido que beneficie a todos. Esto exige liderazgo, disciplina fiscal y alianzas público-privadas que transformen el crecimiento en oportunidades concretas para los dominicanos.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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