Fuente: Paula Escobar Chavarría/paula_escobar_chavarria@latercera.com
China y Estados Unidos protagonizan una confrontación abierta por la supremacía global, algo evidente sin necesidad de ser expertos. Este enfrentamiento abarca ámbitos económicos, tecnológicos, diplomáticos, culturales y de influencia o “soft power”. Existe el temor de que pueda intensificarse hasta convertirse en un conflicto bélico.
“Si evitar la guerra es el desafío principal para la humanidad y su progreso, entonces la relación entre Estados Unidos y China representa la mayor amenaza a nivel global”, afirmó hace un año a La Tercera el reconocido especialista Grahan Allison, autor de Destinados a la guerra: ¿Pueden Estados Unidos y China escapar de la trampa de Tucídides?
¿Qué postura deberían adoptar los demás países, en particular los medianos y pequeños, ante este escenario? Primero, consolidar su unión y defender el multilateralismo junto al respeto por las normas internacionales, algo que Chile ha promovido con firmeza y fundamento en cada foro mundial.
Sin embargo, lo más crucial es procurar no quedar atrapados como víctimas en esta disputa entre potencias. Por eso llama la atención la forma en que el gobierno del Presidente Boric ha gestionado el tema del cable submarino chino que conectaría Hong Kong con Concón.
Aunque la sanción estadounidense -que consiste en retirar las visas a tres funcionarios chilenos- afecta la autonomía nacional y legitima las protestas de esta administración, la manera en que se abordó el asunto del cable ha sido deficiente.
Comencemos por lo evidente: considerando que es esencial para Chile mantener buenas relaciones con estos “hegemones” enfrentados, siendo además sus principales socios comerciales (China y Estados Unidos), ¿cómo es posible que hayan tratado la aprobación del cable submarino chino como si fuera un trámite rutinario? O bien no se activaron las alarmas (lo cual sería una negligencia inexcusable) o, consciente del riesgo, se optó por tramitarlo discretamente. Esto denota falta de transparencia y también carencia de visión política. Un tema tan serio requiere consensos fundamentales y una opinión pública informada. Sin embargo, el debate público chileno solo se abrió tras la retirada de visas. Aparentemente tampoco estaban bien informados todos los actores relevantes para evaluar las eventuales repercusiones geopolíticas. Incluso Cancillería: cuando el canciller Van Klaveren aseguró que el proyecto estaba en etapa “sumamente inicial”, y luego El Mercurio reveló el decreto firmado —y posteriormente anulado— por el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, queda claro que Cancillería no tuvo protagonismo en este asunto. ¿Cómo puede desempeñar su labor la diplomacia profesional si aparentemente conoce menos que el jefe de gabinete de un subsecretario sobre un tema de tan alta importancia geopolítica?
Los informes técnicos de seguridad elaborados por organismos como EMCO, ANI y ANCI se solicitaron solo después de las claras “alertas” emitidas por la embajada estadounidense; sin embargo, esta información debería haber estado disponible antes de tomar cualquier decisión.
Por añadidura, sorprende y genera dudas la rapidez con que se autorizó el cable: solo 61 días. Más aún considerando que en este país los trámites suelen ser lentos; por ejemplo, un hospital oncológico se retrasa debido a la detección de “vertebrados e invertebrados” (ratones y arañas). ¿Por qué quienes otorgaron las autorizaciones actuaron con tanta premura?
Finalmente, se han cometido graves errores comunicacionales durante la gestión de esta crisis: la información ha ido filtrándose lentamente y además con contradicciones insólitas entre autoridades.
Frente a la dura reacción estadounidense y su impacto en la autonomía nacional, algunos han comparado este caso con el histórico rechazo del expresidente Lagos a Bush respecto a la invasión a Irak. La ciudadanía valoró entonces su valentía para no ceder ante presiones y preservar la dignidad y soberanía chilenas. Pero Lagos manejó esa difícil situación histórica con otra estrategia: tomó tiempo para explicar sus razones y buscar consenso.
En cambio, aquí no ocurrió así. La noticia sobre el cable chino fue una sorpresa total para los chilenos, incluso para el nuevo presidente José Antonio Kast, quien sin duda debía estar informado sobre lo que se avecinaba.
El contexto geopolítico actual demanda prudencia, inteligencia y serenidad para priorizar los intereses nacionales sobre cualquier afinidad o preferencia personal. No porque Boric rechace (con fundamentos) a Trump y otros líderes iliberales debe acercarse a China, una dictadura de partido único cuyas violaciones a los derechos humanos han sido documentadas incluso por Michelle Bachelet como alta comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Por su parte, Kast —aliado de Trump y miembro de sus círculos internacionales donde también están Orbán y Bukele— tampoco puede comprometer el futuro de Chile adoptando el nuevo desorden mundial inspirado en Trump que más parece regirse por la ley del más fuerte.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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