Fuente: Agencia EFE/agencia_efe@listindiario.com
La defensa de Seattle registró seis capturas sobre el joven quarterback y provocó dos intercepciones en posesiones consecutivas durante el último cuarto.
Drake Maye llegaba al Super Bowl LX (60) con la expectativa de reemplazar al mítico Tom Brady en los New England Patriots, pero se topó con la férrea línea defensiva de los Seattle Seahawks, conocidos como el ‘Dark Side’ (el lado oscuro).
El ‘running back’ Kenneth Walker III fue elegido MVP del Super Bowl, aunque el pateador Jason Myers, responsable de 17 de los 29 puntos de los Seahawks, podría haber disputado ese honor.
Asimismo, Bad Bunny ofreció un espectáculo magnífico en el entretiempo que animó una final dominada por la defensa y que hasta ese momento apenas mostraba un marcador de 9-0, todos puntos producto de goles de campo de Myers.
Tal vez, el premio MVP debería haberse otorgado a toda la unidad del ‘Dark Side’, una verdadera muralla descendiente de la temible ‘Legion of Boom’ de hace una década, que esta noche destrozó las esperanzas de Maye en lo que podría calificarse como la peor jornada de su carrera.
La línea defensiva de Seattle capturó seis veces al joven mariscal y generó dos intercepciones en posesiones consecutivas del último cuarto, momentos cruciales que definieron el encuentro.
La primera intercepción fue realizada por Julian Love cuando el marcador estaba 19-7, y la segunda por Uchenna Nwosu, que culminó en un touchdown tras recorrer 45 yardas para ampliar la ventaja a 29-7.
Desde el suelo, Maye observó cómo aquel cuento idealizado que muchos habían imaginado antes del partido se desmoronaba: de ser visto como el sucesor de Brady a convertirse en protagonista involuntario de una pesadilla televisada en horario estelar.
Finalmente, logró mejorar el marcador con un pase para touchdown a Rhamondre Stevenson que estableció el resultado final en 29-13, aunque no pudo redimir su imagen; eso sí, superó por uno la estadística de Sam Darnold, el exultante quarterback de los Seahawks.
Una jornada para reivindicarse
Más allá de frustrar la tentativa de los Patriots por convertirse en la franquicia más laureada de la NFL (ahora empatados con los Pittsburgh Steelers con seis títulos), esta final celebrada en Santa Clara fue también una oportunidad para la redención.
Hace once años, ambas franquicias ya se habían enfrentado en un Super Bowl, el XLIX (49), disputado en Phoenix (Arizona).
Ese partido terminó con marcador favorable a los Patriots por 28-24, pero los Seahawks estaban a solo una yarda del touchdown con 26 segundos restantes. Russell Wilson lanzó un pase hacia Ricardo Lockette, pero Malcolm Butler, rookie de New England, interceptó el balón en la trayectoria.
Aquella jugada representó un golpe duro para Seattle y sus seguidores, creando fantasmas que han perseguido al equipo hasta hoy.
Sin embargo, en este Super Bowl jugado en Santa Clara, ni Darnold fue Wilson ni Maye fue Brady.
Además, fue una revancha para Darnold mismo, un quarterback señalado desde joven como promesa que cargó durante ocho temporadas con sus propias sombras tras pasar por cinco equipos diferentes.
“Creo que tienes que abrazar el fracaso”, afirmó Darnold durante su preparación para el Super Bowl, refiriéndose a sus pasos por New York Jets, Carolina Panthers, San Francisco 49ers y Minnesota Vikings.
Hoy, tras alzar el trofeo Vince Lombardi, declaró: “Con todo lo que ha pasado en mi carrera… Hacerlo así, con este equipo, no lo cambiaría por nada”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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