Fuente: Listin diario
Lleva más de una semana allí. Cada vez que subo a la azotea, me detengo unos minutos para observarlo. Todas las mañanas de esta última semana, al abrir la ventana detrás de mi cama, me quedo mirando por un instante su figura casi inmóvil, expuesta al sol, olvidada por alguien, abandonada por descuido o negligencia.
Durante estos días, mientras enfrento la prisa de cumplir con tareas y trabajos a tiempo; de apurar a un adolescente para que haga lo que debe (tiene, necesita) hacer; de decidir qué libro leer entre los no leídos en mi librero; de hundirme en el sofá; de ver televisión; de pensar en versos que no escribo; de ahuyentar cierta melancolía; de pasear por el apartamento; de perder tiempo viendo el móvil; de terminar un capítulo de la serie que sigo o de atender pendientes, he vuelto a pensar en él.
Por eso regreso frecuentemente a la ventana del cuarto y lo contemplo nuevamente. Azotado por el viento. Antes de sentarme a escribir esto lo hice una vez más. Sigue ahí.
Somos seres humanos, sí. Miles de millones. Con millones que nacen y mueren diariamente. ¿Qué somos entre esos dos extremos?
Algunos tienen tan poco tiempo para pensar que fueron algo más para otros. Otros cuentan con tanto tiempo para existir, que parecen ya olvidados en los días que les quedan, tal vez dedicados a sentarse en un balcón o galería a contemplar el paso del tiempo mientras recuerdan y olvidan. Mientras aguardan el fin de la espera.
Y están los demás: los activos, los que van y vienen, los que hacen cosas o son hechos por ellas, los cargados de pendientes, las crisis, el hacer y deshacer.
Niños agreden a un profesor. No está claro por qué. ¿Fueron atacados primero? Leo comentarios sobre el caso. Algunos destacan que “el profesor es extranjero”, “las escuelas están llenas de profesores haitianos”. Observo la imagen del maestro: bien vestido, con el rostro ensangrentado, habla con voz baja y explica lo sucedido. Veo un video donde una hermana o tía —no recuerdo— de uno de los niños habla casi gritando, con gestos intensos, acerca de alguna “mala manera” del profesor agredido. ¿Cuáles serán esas malas maneras?
El cuerpo de una joven de 22 años es hallado con señales de violencia en una cisterna. Hay tres detenidos. Se dice que ella se negó a mantener una relación sentimental con uno de ellos y esa fue su sentencia. Llamó a su madre cuando esos hombres llegaron a su casa. Creían que estaba secuestrada. Me detengo frente a la foto donde Reynalda sonríe con un vestido largo y una banda cruzada en el pecho mientras otra mujer —parece ser su madre— la corona.
Decenas de presos políticos salen de cárceles en Venezuela gracias a una amnistía. Aún no se sabe dónde están ni si siguen vivos. Familiares mantienen vigilias y caminan inquietos buscando respuestas. Hay reencuentros, lágrimas y ausencias. Leo una publicación en Facebook de un colega: “Mientras Cuba resiste la bestial agresión de Estados Unidos, Venezuela cede en sus principios”. Me pregunto: ¿cuáles principios?
Veo dos capítulos de una serie y me invade la culpa. John Kennedy y Caroline Bessette. Era adolescente pero recuerdo las noticias sobre ellos. Un hombre atractivo, hijo de un presidente asesinado, mil veces fotografiado y perseguido por medios, descendiente de “una monarquía” política y social. Ella era una chica común que terminó casada con él. En esa serie se ficciona todo lo que los medios no exploraron: miradas, palabras, besos, abrazos, reclamos, ausencias, lágrimas, gestos y acciones… ficción sobre dos personas acosadas en vida que murieron juntas en un accidente aéreo. Ella nunca dio entrevistas; no recuerdo haber oído su voz alguna vez, pero ahora la veo plasmada en la ficción creada por otros para su existencia. ¿Me interesa esto? ¿Por qué? ¿Habrá descanso para ellos? ¿Habrá descanso para la madre de Caroline y su familia que ahora ven a una actriz representando a su hija real? Ellos tuvieron a la única Caroline que existió; nosotros consumimos a la Caroline reinventada, probablemente negándola a ella misma.
Recuerdo a una tía mía —a quien llaman “política” pero yo llamo madre— acunando a su hija de diez años —mi prima— agonizante por un cáncer. Yo apenas entraba en mis veinte años y no entendía del todo lo que veía; quizás hoy tampoco lo comprendo completamente.
Recuerdo abrazar a mi hijo recién nacido. Observar a otras madres haciendo lo mismo también quedó grabado en mí. Habían pasado doce años desde la muerte de mi prima y aún no alcanzo a entender del todo lo que ese abrazo significaba ni lo que veía entonces; quizás nunca lo entenderé plenamente.
Una película favorita es Love Actually. Tiene historias muy cuestionables sobre el amor si las juzgamos según nuestra realidad cotidiana, pero me reconforta ver las posibilidades del amor, los lazos humanos y la vida aunque sea desde la ficción. También me atraen dos escenas específicas: al inicio y al final —un aeropuerto donde personas se despiden o se reencuentran— sé bien lo que significa; he estado en aeropuertos experimentando esos momentos cuyo verdadero valor se siente después del abrazo final o inicial, no durante el acto mismo.
En algún momento lo pensé o incluso lo escribí; también suelo olvidarlo a veces.
Hay hechos claros; hay matices; complejidad; esfuerzo por comprender; cansancio ante ese intento; necesidad momentánea de abandonar la comprensión para no sucumbir; necesidad posterior de retomarla para seguir adelante sin caer derrotados.
No es posible que todo duela ni que todo alegre al mismo tiempo. No podemos entenderlo todo ni ignorar todo por completo.
***
Hace unas horas abrí la ventana del cuarto al amanecer; el pantalón sigue allí intacto.
Caminé hacia la cocina y preparé café con greca. Mientras esperaba el característico ruido liberado por presión de la cafetera encendida, tomé el móvil y vi un video corto musicalizado con Hey Jude, canción escrita por Paul McCartney e interpretada por The Beatles.
¿Conocen esa canción? Tiene una historia detrás; les dejo investigar los detalles por ustedes mismos.
A continuación comparto la letra (la traducción es libre; pueden corregirla si creen necesario).
Oye, Jude, no te pongas mal (Hey, Jude, don’t make it bad)
Toma una canción triste y hazla mejor (Take a sad song and make it better)
Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her into your heart)
Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you can start to make it better)
Oye, Jude, no tengas miedo (Hey, Jude, don’t be afraid)
Naciste para ir a conquistarla (You were made to go out and get her)
En el momento que te permitas sentirla (The minute you let her under your skin)
Entonces comenzarás a mejorarla (Then you begin to make it better)
Y siempre que sientas el dolor (And anytime you feel the pain)
Oye, Jude, tómalo con calma (Hey, Jude, refrain)
No lleves el mundo sobre tus hombros (Don’t carry the world upon your shoulders)
Sabes muy bien que eso es una tontería (For well you know that it’s a fool)
El que actúa como si nada (Who plays it cool)
Por hacer su mundo un poco más frío (By making his world a little colder)
Oye, Jude, no me defraudes (Hey, Jude, don’t let me down)
La encontraste, ahora ve y conquístala (You have found her, now go and get her)
Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her into your heart)
Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you can start to make it better)
Así que déjalo salir y déjalo entrar (So let it out and let it in)
Oye, Jude, empieza (Hey, Jude, begin)
Estás esperando alguien para lograr cosas (You’re waiting for someone to perform with)
¿Y no sabes que ese alguien es nadie más que tú? (And don’t you know that is just you?)
Oye, Jude, vas a lograrlo (Hey, Jude, you’ll do)
El movimiento que necesitas está sobre tus hombros (The movement you need is on your shoulder)
Oye, Jude, no te pongas mal (Hey, Jude, don’t make it bad)
Toma una canción triste y hazla mejor (Take a sad song and make it better)
Recuerda dejarla entrar en tu corazón (Remember to let her under your skin)
Entonces podrás empezar a mejorarla (Then you’ll begin to make it better)
Mejorar, mejorar, mejorar, mejorar, mejorar ¡oh sí! (Better, better better better better oh yeah)
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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