Fuente: okdiario.com
Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.
Al ingresar en una tienda de aplicaciones y leer la descripción, es común encontrar la frase “con inteligencia artificial”. Actualmente, la mención a la inteligencia artificial se ha vuelto casi imprescindible, similar a cómo en su momento lo fueron términos como “HD” o “4K”. No obstante, que una app afirme utilizar IA no garantiza que sea más avanzada, eficiente o inteligente. En ocasiones hay tecnología sofisticada detrás; en otras, simplemente es un recurso comercial.
Cuando nos referimos a inteligencia artificial en aplicaciones, en realidad abarcamos tecnologías variadas. Puede tratarse de modelos generativos capaces de producir texto o imágenes, como los que popularizó OpenAI desde 2022, o bien sistemas tradicionales de aprendizaje automático que identifican patrones y realizan predicciones. También puede ser algo tan básico como un algoritmo que organiza resultados según tu comportamiento anterior.
Por ejemplo, en apps destinadas a la fotografía, la IA puede reconocer escenas, mejorar retratos o eliminar objetos automáticamente. En plataformas musicales como Spotify, se emplea para sugerir canciones basadas en tus preferencias auditivas. En asistentes virtuales, ayuda a interpretar comandos de voz con mayor exactitud. Todo esto es inteligencia artificial, aunque con distintos niveles y propósitos.
Muchas aplicaciones incorporan el término “inteligente” a funciones ya existentes. No todo filtro automático implica una inteligencia artificial avanzada. Tampoco lo hace una simple clasificación por categorías. Para hablar de inteligencia artificial con rigor en apps, es necesario que exista capacidad de aprendizaje, adaptación o generación de contenido fundamentada en datos.
Un indicio claro es si la función mejora conforme se usa. Si una aplicación aprende de tus hábitos, se ajusta a tu manera de escribir o personaliza resultados progresivamente, probablemente use modelos de aprendizaje. Por el contrario, si solo sigue reglas preestablecidas, se trata más bien de programación convencional.
Desde un enfoque práctico, lo esencial no es que una app utilice IA, sino qué problema soluciona. La inteligencia artificial puede ahorrar tiempo, automatizar tareas repetitivas o simplificar procesos complejos. Pensemos en editores de imagen que eliminan fondos con un toque, apps productivas que resumen textos extensos o teclados que predicen frases completas.
Sin embargo, también plantea aspectos importantes relacionados con el uso de datos personales. Para funcionar eficientemente, muchos sistemas requieren recopilar información del usuario. Esto genera debates sobre privacidad, almacenamiento en la nube y entrenamiento de modelos. No toda IA opera directamente en el dispositivo; con frecuencia depende de servidores remotos.
Si observas que una app destaca su uso de inteligencia artificial, conviene hacerse tres preguntas sencillas. Primero, ¿qué función realiza específicamente gracias a esa IA? Segundo, ¿podría hacerlo igual sin ella? Y tercero, ¿realmente me aporta una ventaja o solo es un elemento decorativo?
En un mercado saturado de promesas tecnológicas, es recomendable mantener cierto grado de escepticismo. La inteligencia artificial en aplicaciones es una herramienta potente, pero no magia. Puede mejorar la experiencia del usuario, sí; sin embargo, no convierte automáticamente cualquier app en revolucionaria.
Más allá de dejarse impresionar por la etiqueta, lo relevante es verificar si la función resulta útil diariamente. Porque lo verdaderamente inteligente no es la aplicación que presume contar con IA, sino aquella que la emplea para facilitarte la vida sin que tengas que preocuparte por ello.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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