Fuente: Mookie Tenembaum/mookie_tenembaum@mdzol.com
La clave está en la fusión de sensores. El F-35 estadounidense está equipado con numerosas cámaras, antenas y sensores que funcionan como sus “ojos y oídos”. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es solo contar con estos dispositivos, sino poseer un sistema central que procese toda la información recogida. La “fusión” consiste en que una computadora principal integra los datos del radar, la cámara infrarroja, las señales satelitales y la información proveniente de otros aviones aliados para generar una imagen clara y sencilla para el piloto.
En contraste, en la realidad china sin esta fusión, el avión solo muestra datos dispersos, por ejemplo: “detectada una señal térmica a 30 km”, “eco radar al norte”. Así, el piloto debe deducir si se trata de un único avión o de varios objetivos, es decir, es tecnología antigua con una interfaz moderna.
Mientras tanto, en el caso estadounidense con fusión integrada, el avión no entrega datos sin procesar. En cambio, coloca un cuadro rojo sobre el enemigo en el visor del casco del piloto y le indica: “Identificado caza enemigo, objetivo fijado, procede a disparar”.
Estados Unidos logró que su avión “razone”. Por su parte, China no consigue que sus sensores se comuniquen entre sí debido a que su software es robado y mal ensamblado.
El núcleo digital: GPUs e Inteligencia Artificial
Para que esta “fusión de sensores” opere en cuestión de milisegundos se requiere una enorme capacidad de cálculo. Aquí es donde entran las GPUs o unidades de procesamiento gráfico.
Las GPUs son conocidas por hacer que los videojuegos tengan gráficos realistas o por su uso en inteligencia artificial (IA). En un avión de combate, estas unidades procesan las imágenes captadas por las cámaras y determinan si algo representa una amenaza o simplemente es un ave.
Estados Unidos domina esta brecha tecnológica al ser sede de NVIDIA, Intel y AMD. Estas compañías desarrollan los chips más avanzados del mundo, capaces de ejecutar billones de operaciones por segundo sin sobrecalentarse. Además, Washington prohibió la exportación de estos semiconductores avanzados hacia China.
Aunque China puede fabricar el metal y la fibra de carbono para construir el avión, carece del silicio necesario. Sus procesadores son imitaciones económicas basadas en tecnologías antiguas; son más lentos y sufren problemas térmicos. En un combate aéreo donde ganar depende de disparar primero, tener un procesador chino que demora medio segundo extra en “pensar” puede resultar fatal.
La metáfora del “envoltorio de chicle”
Llegamos aquí a un punto crucial respecto a las cifras. China anuncia la producción de 1.300 aviones J-20. Puede armar el fuselaje, colocar las alas y pintarlos.
Sin embargo, un avión de quinta generación se compone en un 90% por software y solo un 10% por hardware. Construir el fuselaje es similar a fabricar el envoltorio de un chicle: puedes producir millones de paquetes brillantes con la etiqueta “sabor menta”. Pero si al abrirlos no hay chicle o está duro y viejo, entonces ese envoltorio no sirve para nada.
Los J-20 chinos son exactamente esos envoltorios vacíos. Les falta esa “goma de mascar”, que sería en este caso la integración perfecta entre software e IA que Estados Unidos ha perfeccionado. Por ende, son aviones más propios de un museo vestidos con apariencia futurista.
El factor insustituible: experiencia en combate
Finalmente, existe algo imposible de obtener mediante espionaje o replicar en fábrica: la experiencia real en combate.
Estados Unidos lleva décadas participando en conflictos continuos desde la Guerra del Golfo, pasando por los Balcanes hasta operaciones recientes en Oriente Medio y vigilancia sobre Irán.
¿Por qué es relevante esto para el software? Porque cada vez que un piloto regresa tras una misión real diciendo: “El radar falló cuando giré así”, los ingenieros pueden corregir el código. El software del F-35 es producto de millones de horas de vuelo auténtico enfrentando situaciones extremas.
China no ha participado en una guerra aérea verdadera hace más de 40 años. Sus pilotos son teóricos que vuelan simuladores y sus ingenieros desarrollan software basándose en hipótesis, no en experiencias reales bélicas.
El veredicto final
China es puro humo y espejismos; confundir su propaganda inflada con capacidad real implica caer en su juego.
Estados Unidos cuenta con todo el ecosistema completo: satélites, chips procesadores, software para fusión y pilotos veteranos. China únicamente posee copias piratas ineficaces. Mientras no cree tecnología propia —algo que nunca ha logrado— sus 1.300 aviones continuarán siendo una flota decorativa llena de envoltorios brillantes pero vacíos.
Las cosas como son.
Mookie Tenembaum analiza temas tecnológicos como este semanalmente junto a Claudio Zuchovicki en su podcast “La Inteligencia Artificial: Perspectivas Financieras”, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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