Fuente: La Voz hispanicnews
Minneapolis: esta vez, la verdad prevaleció sobre las falsedades.
Aunque la administración del presidente Donald Trump intentó manipular los hechos, los videos grabados por testigos en redes sociales impidieron que la realidad fuera distorsionada. Desde distintas perspectivas, se observó cómo al menos cuatro agentes de ICE, la policía migratoria, arrestaron en esta ciudad a Alex Pretti, un enfermero de 37 años. Posteriormente, sin que él opusiera resistencia, lo derribaron y le dispararon aproximadamente diez veces. Allí murió.
Pretti estaba registrando con su celular la actuación de los agentes y, aunque portaba una pistola para la cual tenía permiso legal, nunca llegó a desenfundarla ni amenazó a quienes finalmente le quitaron la vida. Gracias a numerosos testigos que también captaron el ataque con sus teléfonos, hoy sabemos que la muerte de Pretti, ciudadano estadounidense, fue un gravísimo abuso de autoridad.
Para confirmar que los videos difundidos en redes sociales son auténticos y no fabricados mediante inteligencia artificial, el diario The New York Times cuenta con un equipo especializado en Investigación Visual. Tras analizar lo ocurrido en Minneapolis, concluyeron: “Un hombre ejerciendo su derecho a expresarse, según la Primera Enmienda de la Constitución, fue derribado y baleado hasta morir por agentes federales”.
Estos son los hechos. Lo demás corresponde a las increíbles falsedades de funcionarios gubernamentales que intentaron, sin éxito, responsabilizar a la víctima por su propia muerte. Con declaraciones absurdas y sin fundamento trataron de hacer creer que aquello que presenciamos con nuestros propios ojos no era cierto. Eligieron la propaganda antes que la verdad y fracasaron.
Stephen Miller, asesor presidencial, fijó posición horas después del incidente y calificó a la víctima —quien trabajaba en cuidados intensivos en un hospital para veteranos— como un “asesino” potencial. Greg Bovino, jefe de la patrulla fronteriza cuyos agentes dieron muerte a Pretti, afirmó que el amable enfermero buscaba “masacrar” a sus agentes y causarles el “máximo daño” posible.
Por su parte, Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, aseguró sin pruebas que el fallecido formaba parte de una operación de “terrorismo doméstico”. (Esta misma afirmación hizo cuando otro agente de ICE mató a tiros a Renee Good, madre estadounidense de tres hijos, 17 días antes.) Estas declaraciones oficiales tenían como objetivo justificar la violencia extrema ejercida por los agentes federales. Sin embargo, no lograron su propósito. Los videos captados por civiles y voluntarios demostraron ser más contundentes que las palabras huecas de la Casa Blanca y sus funcionarios. Acorralado por la ineptitud y crueldad de sus agentes y asesores, Trump ya no se atrevió a criticar públicamente a Pretti y retiró a los responsables y su jefe Greg Bovino de Minnesota.
No obstante, el encubrimiento persiste. Los agentes encapuchados continúan sin ser identificados y en este clima de impunidad pocos creen que sean acusados formalmente o presentados ante un juez. Hasta ahora solo dos han sido suspendidos. Eso es todo.
Para quienes ejercemos el periodismo, este caso representa una valiosa lección sobre qué evitar cuando el gobierno miente. Sería un grave error informar dando igual peso a ambas versiones para equilibrar la noticia y dejar al lector juzgar libremente.
¿Por qué? Porque esas versiones no son equivalentes. Una muestra con claridad cómo agentes federales atacaron y ejecutaron impunemente a un civil; la otra está compuesta por mentiras sin evidencia destinadas a salvar un gobierno descontrolado que agrede a sus propios ciudadanos.
Si esto sucede con personas nacidas en Estados Unidos que protestan pacíficamente contra abusos del presidente Trump, imaginemos lo que viven los inmigrantes latinos —con o sin documentos— cuando agentes encapuchados, sin identificarse ni presentar orden judicial, irrumpen armados en hogares, escuelas o tribunales. Esta es una ciudad dominada por el miedo. Muchos latinos conocidos prefieren guardar silencio y ocultarse para proteger a sus familias.
Pero vivir así no es aceptable. Los inmigrantes que llegaron a esta fría metrópolis lo hicieron para superarse y aportar; no para quedarse paralizados por el temor hacia ICE.
Sin embargo, Minneapolis se distingue por su solidaridad. Me conmueve profundamente ver cómo ciudadanos estadounidenses salen a las calles defendiendo a inmigrantes apenas conocidos.
La única estrategia digna de resistencia ha sido armarse con celulares y silbatos infantiles, junto con la firme convicción de proteger vidas humanas.
Cuando dudas sobre la veracidad de lo que dice el gobierno, confía en lo que tus ojos perciben.
Esa es la forma más segura de acercarse a la verdad.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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