Fuente: Lluís Uría/lluis_uria@lavanguardia.com
Estados Unidos emplea su red diplomático para presionar a gobiernos europeos resistentes a sus políticas
A finales de la década pasada, China modificó su política exterior con un enfoque más agresivo. Un grupo de jóvenes diplomáticos, inspirados en el soldado de élite chino protagonista de la película de acción Wolf warrior (guerrero lobo), comenzó a mostrar gran actividad en redes sociales lanzando duras críticas contra quienes cuestionaban a Pekín. Sin embargo, este enfoque no alcanzó el efecto esperado, ya que hace un par de años China guardó ese fervor combativo y retomó un discurso más moderado y diplomático. Curiosamente, Donald Trump parece haberse inspirado ahora en esta experiencia china y ha enviado a los embajadores estadounidenses a atacar sin reservas a gobiernos europeos que se oponen a sus políticas. Estos nuevos lobos provienen no del Lejano Oriente, sino del Nuevo Mundo.
El caso más reciente de esta conducta – aunque no es ni único ni pionero – tuvo lugar esta semana cuando Bill White, embajador de EE.UU. en Bélgica, publicó un hilo en la red social X acusando a las autoridades belgas de practicar persecución antisemita contra los judíos. La grave acusación se basaba en que las autoridades habían iniciado una investigación en Amberes contra tres mohel – responsables tradicionales de realizar la circuncisión a recién nacidos varones dentro del judaísmo – por llevar a cabo esta práctica sin formación médica. Fundador de una consultora llamada Constellation Group y vinculado a una fundación relacionada con militares veteranos, White cargó duramente contra el gobierno belga y confrontó directamente al ministro de Sanidad, Frank Vandenbroucke, al que calificó como “muy grosero”.
El viceprimer ministro y ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, respondió acusando al embajador de difundir una “desinformación peligrosa”, le reprochó su falta de respeto hacia la independencia judicial, le señaló por injerencia y le convocó oficialmente para reprenderlo. Sin embargo, Bill White no rectificó y reafirmó sus denuncias. Además, se enfrentó con el presidente del partido socialdemócrata flamenco Vooruit, Conner Rousseau, instándole a pedir disculpas públicas por sus críticas a la policía migratoria estadounidense ICE – cuyas prácticas comparó con las nazis en los años treinta –, amenazándole con prohibirle la entrada futura a EE.UU.
Contrario a lo que podría pensarse, no se trató de un arrebato puntual ni aislado. El 5 de febrero ocurrió otro episodio similar cuando Thomas Rose, embajador estadounidense en Polonia, anunció vía X que cortaba toda relación oficial con el presidente de la Dieta (cámara baja polaca), Wlodzimierz Czarzasty, por supuestos “insultos escandalosos” hacia Trump y por dañar “seriamente” la relación entre EE.UU. y Polonia. Rose – ex periodista, ex asesor del vicepresidente Mike Pence y cercano ideológicamente al partido Ley y Justicia hoy en la oposición – consideró ofensivo que Czarzasty opinara que el presidente norteamericano “no merece” el premio Nobel de la Paz. Ante esto, el primer ministro polaco Donald Tusk recordó al embajador que debía “guardar respeto y evitar dar lecciones” a sus aliados.
En agosto pasado, Charles Kushner – nuevo embajador americano en París, promotor inmobiliario y padre de Jared Kushner además de consuegro de Donald Trump quien le concedió un indulto por delito fiscal – remitió a medios una carta abierta al presidente Emmanuel Macron. Aprovechando la conmemoración de la liberación de París en 1944 del dominio nazi, expresó su preocupación por el aumento del antisemitismo en Francia y criticó “la insuficiente acción del gobierno para combatirlo”, reprochando además la decisión parisina de reconocer al Estado palestino y “exhortando” al mandatario a cambiar su política. El Gobierno francés reaccionó indignado ante las acusaciones consideradas “inaceptables” y convocó al diplomático al Quai d’Orsay para reprenderlo.
(En España acaba de presentar credenciales el nuevo embajador estadounidense Benjamin León Jr., empresario cubano-estadounidense, quien ha comenzado con palabras conciliadoras aunque recordó al gobierno de Pedro Sánchez “el objetivo compartido por los aliados” para dedicar el 5% del PIB al gasto en defensa)
“Ian Fleming hace decir a James Bond en su novela Goldfinger: ‘Una vez es casualidad. Dos es coincidencia. Tres veces es acción enemiga'”.
La ofensiva diplomática estadounidense en Europa contra gobiernos desafiantes no responde a acciones aisladas sino que forma parte de la política oficial bajo la Administración Trump, donde ser aliado es provisional – y reversible – dependiendo del cumplimiento estricto de las directrices emanadas desde Washington.
El jefe de la diplomacia estadounidense Marco Rubio fue muy claro el pasado fin de semana durante la Conferencia de Seguridad en Múnich. Bajo la dirección Trump, EE.UU. desarrolla un ambicioso plan para corregir antiguas políticas occidentales y revisar el orden internacional vigente (“Ya no podemos anteponer el llamado orden internacional a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones”, afirmó), buscando sumar a Europa al proyecto. Juntos sí; pero siempre bajo la condición de seguir las instrucciones americanas: “Estamos preparados para hacerlo solos, pero preferimos hacerlo junto con vosotros, nuestros amigos europeos”, enfatizó. Dicha afirmación puede interpretarse mejor como una advertencia.
El público europeo en Múnich respiró tranquilo tras recordar los insultos y ataques sufridos del vicepresidente J.D. Vance el año anterior. Pero esa calma podría ser engañosa. Detrás del tono afable y aparente complicidad mostrado por Rubio – quien mencionó sus raíces europeas italianas y españolas –, persistía el mismo mensaje contundente. El secretario de Estado criticó varios principios políticos fundamentales actuales en Europa: “la visión dogmática del libre comercio” – impulsada originalmente por EE.UU., pero ahora señalada como problema –, la cesión de soberanía a “instituciones internacionales” – refiriéndose implícitamente a la UE –, el gasto elevado en “estados sociales” descuidando defensa – una crítica directa hacia Europa –, las políticas energéticas formuladas “para apaciguar a una secta climática” o la apertura ante una “ola migratoria masiva sin precedentes”… A diferencia del tono severo empleado por Vance previamente, Rubio evitó reprender abiertamente al público europeo e incluso admitió responsabilidad compartida: “Cometimos esos errores juntos”, reconoció. Pero advirtió que el camino correcto implica una revisión total.
Trump ha marcado un camino que espera que Europa siga; sin embargo, según afirma recientemente revisada Estrategia Nacional de Seguridad estadounidense, Europa está en declive económico, asfixiada por la UE, tentada hacia censurar libertad de expresión y próxima a ver “borrada” su civilización cristiana debido a la inmigración. Por ello Washington busca rescatarla promoviendo fuerzas nacionalistas extremas derechistas — denominadas “partidos patrióticos” en documentos oficiales — y combatiendo cualquier oposición al mensaje trumpista.
Controvertida participación junto a Trump. La presencia como observadora de Dubravka Šuica, comisaria europea para el Mediterráneo, en la Junta de Paz impulsada por Donald Trump para discutir el futuro de Gaza ha generado malestar en varias capitales europeas. A diferencia del húngaro Viktor Orbán o el búlgaro Rosen Zhelyazkov, gran parte del liderazgo europeo rechazó ser miembro del foro alegando entre otras razones que busca marginar a la ONU (aunque países como Italia enviaron como oyentes al ministro Antonio Tajani). Los críticos no comprenden por qué la Comisión Europea envió un representante — aunque solo como invitado — pues consideran que Bruselas excedió competencias tomando una iniciativa sin mandato previo. El ministro español José Manuel Albares calificó esta acción como “error”.
Plan para regiones orientales. La Comisión Europea ha finalizado una hoja ruta destinada a asistir las regiones fronterizas orientales más afectadas por la guerra en Ucrania y ataques híbridos rusos para evitar su declive económico y demográfico. La UE posee más de 3.500 kilómetros limítrofes con Rusia y Bielorrusia — aliado incondicional moscovita — además casi 1.500 kilómetros con Ucrania y 600 kilómetros más junto al mar Negro. Las zonas involucradas corresponden principalmente a Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria. Esta estrategia combina varios planes existentes pero no incluye financiamiento adicional.
Corrección editorial: En el boletín anterior donde se mencionaba la diferencia electoral entre Emmanuel Macron e Marine Le Pen en distintos comicios hubo un error: En las elecciones presidenciales francesas 2022 Macron venció a Le Pen por 58% frente a 42%, no por 58% frente a 22% como se indicó erróneamente.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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