Fuente: Hoy Digital
Los numerosos encuentros sexuales de ‘Los Bridgerton’ siempre han sido muy explícitos: tríos en los pasillos con gemidos intensos, rápidas escenas íntimas en la biblioteca con espaldas arqueadas, besos, caricias y arañazos sobre los cojines del carruaje… Todo esto se ha visto en la serie de Netflix.
Sin embargo, en la cuarta temporada, Francesca Bridgerton, la hermana recién casada, rompe el tabú del orgasmo femenino al admitir que no ha logrado alcanzarlo.
Este tema se desarrolla en el tercer episodio de la nueva temporada, donde se centra la trama de Francesca, interpretada por Hannah Dodd.
Tras haber tenido relaciones con su esposo John Stirling, encarnado por Victor Alli, y mientras yace en la cama, ella reflexiona sobre por qué todavía no está embarazada. Él le comenta que sus probabilidades serían mayores si ella lograra el clímax.
Francesca engaña a su marido fingiendo que sí lo ha conseguido hasta confesarle después a su cuñada Penélope Bridgerton, personificada por Nicola Coughlan, que no sabe realmente lo que es.
Aunque no se trata de una escena sexual explícita típica de esta serie de época, aborda las complejidades —frecuentemente ignoradas o silenciadas— del placer femenino y pone atención en un problema habitual: la brecha orgásmica.
Vanesa Falcón, psicóloga sanitaria, sexóloga y terapeuta de pareja, define esta brecha como “la diferencia en la frecuencia del orgasmo entre hombres y mujeres en relaciones heterosexuales, donde ellos suelen alcanzarlo en mayor proporción que ellas”.
Un estudio titulado ‘The lifelong orgasm gasp: exploring age’s impact on orgasm rates’, publicado en junio de 2024 en la revista ‘Sexual medicine’, reveló que los hombres —de todas las edades y orientaciones sexuales— reportan tasas más altas de orgasmos durante sus relaciones sexuales (70-85%), frente al 46-58% registrado entre las mujeres.
Esta disparidad no se debe a factores biológicos, sino a causas sociales y culturales. Según explica Falcón: “El guion sexual se ha enfocado en la penetración, mientras que la mayoría de las mujeres requieren otros tipos de estimulación, como la del clítoris, para alcanzar el orgasmo”. Además señala otros elementos que influyen:
“La carencia de educación sexual centrada en el placer femenino, la socialización de género que enseña a las mujeres a priorizar el deseo ajeno y la escasa comunicación sobre lo que realmente disfrutan o necesitan”.
La periodista Olivia Petter comparte cómo estas circunstancias afectan: “Desde pequeñas, las mujeres estamos condicionadas a pensar que el sexo no es algo para nosotras.
En cambio, es algo que simplemente sucede. Este mensaje estaba presente en todo momento: desde películas y series donde las mujeres alcanzaban el clímax sin esfuerzo hasta las clases de educación sexual donde solo nos enseñaban a ponernos un condón en un plátano y marcharnos.
La narrativa era: los chicos querrán tener sexo contigo; al principio puede doler, pero finge que te gusta y quizá con el tiempo te guste”, escribió para ‘The Times’ el pasado 8 de febrero.
Desde el punto de vista clínico, la dificultad o imposibilidad para alcanzar el orgasmo femenino se analiza y trata desde una perspectiva individual.
No obstante, Falcón —quien también tiene formación en estudios de Igualdad de género y Diversidad Sexual— agrupa las causas más habituales en cuatro áreas.
Factores sexuales y educativos —como falta de información—; psicológicos —ansiedad, autoexigencia o creencias negativas sobre el placer—; relacionales —conflictos de pareja, poca comunicación o presión—; y médicos u hormonales.
La especialista resume así el problema actual en educación sexual: “Muchas mujeres hemos recibido una educación enfocada en la prevención y dirigida al deseo masculino, pero no al autoconocimiento ni al propio placer […] A esto se suma la vergüenza y culpa. También influye la presión social sobre cómo deberían ser nuestros cuerpos y cómo comportarnos durante la intimidad”.
Para Falcón, la raíz del problema coincide con el primer paso para resolverlo: “Si no aprendemos a explorar nuestro cuerpo, nombrar lo que sentimos y legitimar nuestro deseo, resulta lógico que sea difícil identificar qué nos excita”.
Por eso el autoconocimiento es fundamental para aceptar y reconocer el propio deseo: “Dedicando tiempo a descubrir qué fantasías, estímulos o contextos nos activan […] para aprender a expresar lo que sentimos y saber qué nos gusta o no”, indica Falcón.
El objetivo final es “dejar atrás una sexualidad vivida para satisfacer expectativas ajenas y comenzar a experimentarla desde la elección personal y el disfrute”.
Hablar abiertamente sobre sexo, placer y preferencias no resulta sencillo; así lo refleja la trama de ‘Los Bridgerton’. Cuando Francesca conversa con Penélope acerca de su insatisfacción sexual, ésta recurre a metáforas y analogías en lugar de nombrar directamente lo que ocurre. Más tarde dialoga con su madre Violet —Ruth Gemmell— quien valida su experiencia e intenta orientarla explicándole que no todo amor es igual. Finalmente cuando Francesca confiesa sus dudas a John culpándose por desconocer su cuerpo, él responde con calma y empatía.
“La comunicación es fundamental para una vida sexual satisfactoria. Gran parte del descontento surge por no expresar nuestros sentimientos ni compartir deseos con la pareja. Esta falta de diálogo genera distancia emocional, refuerza tabúes y mitos sobre sexualidad y puede causar dificultades para disfrutar plenamente”, afirma la psicóloga y sexóloga.
Laurie Mintz, profesora de psicología en la Universidad de Florida y autora de ‘Cómo alfabetizarse en clítoris’, destacó en un artículo para ‘The New York Times’ publicado el 4 de febrero pasado la importancia crucial del diálogo: “Las mujeres deben descubrir qué les resulta placentero para luego sentirse seguras al comunicárselo a sus parejas”. Como dijo Mintz en dicho medio neoyorquino: “Hablar sobre sexo es difícil. Pero las parejas que conversan sobre ello tienen mejor sexo”.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.









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