Fuente: El Universal
Miami. — Desde que arrancó su primera campaña presidencial en 2015, Donald Trump y su equipo han empleado diversos símbolos nazis en su propaganda y declaraciones, lo que ha generado alertas. Esta práctica ha continuado en su segundo mandato, provocando numerosas críticas, a las que el gobierno responde atribuyéndolas a “malas interpretaciones” o “confusiones”.
El 10 de enero, el Departamento de Trabajo difundió un video titulado Una patria. Un pueblo. Una herencia, lema que, según historiadores, guarda una inquietante similitud con el eslogan nazi Ein Volk, ein Reich, ein Führer (Un pueblo, un reino, un líder).
El académico e historiador Daniel Álvarez comenta a EL UNIVERSAL que “este enfoque” de la administración Trump “es relevante porque el nazismo fue algo más que un uniforme; fue una tecnología política; esto es, una técnica de propaganda, miedo, señalización de enemigos internos y una estética pensada para hacer aceptable lo inaceptable”.
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Expertos en comunicación social sostienen que en la política de masas las señales no dependen únicamente de la intención del emisor, sino también de la interpretación del público y quién las celebra. Álvarez señala: “Cuando una campaña política utiliza un símbolo asociado mundialmente con campos de concentración, no basta con alegar que no era esa la intención”.
Uno de los casos iniciales y más polémicos fue el uso por parte de la campaña de Trump del triángulo rojo invertido en anuncios de Facebook contra “antifa” (abreviatura de antifascistas). La plataforma retiró esos anuncios basándose en sus normas sobre símbolos relacionados con el odio. La campaña intentó justificarlo diciendo que fue un error visual, pero Álvarez advierte: “No se trataba del diseño sino del origen histórico del emblema y su uso para señalar enemigos políticos actuales”, además enfatiza que la controversia no fue partidista sino porque “ese símbolo estuvo vinculado a un sistema de clasificación de prisioneros bajo el régimen nazi, así de simple”.
Organizaciones judías y antirracistas insisten en un punto que los equipos políticos suelen evitar: la ignorancia no elimina el impacto.
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La misma dinámica se evidenció en 2016 con una imagen difundida por Trump contra Hillary Clinton: una estrella de seis puntas sobre un fondo de billetes acompañada por la frase: “¡La candidata más corrupta!”. La campaña de Clinton denunció este como un “uso de ingeniería antisemita” proveniente “de sitios web racistas”, confirmación que dio Sarah Bard, directora de divulgación judía de esa campaña.
Álvarez explica: “El problema fundamental en esa imagen no es teológico sino propagandístico”, y detalla cómo la combinación de “una estrella de seis puntas junto al dinero es un disparador clásico para estereotipos antisemitas relacionados con codicia y conspiración financiera”. Subraya que una campaña que dice combatir el odio no puede usar estos disparadores y luego pedir que se interpreten como simples distintivos. En política importa no sólo lo que se quiso expresar, sino qué tradición visual se reactiva y a quién beneficia esa reactivación.
Durante esta segunda administración, se ha mantenido la tendencia a acercarse a ideas o frases nazis.
Trump respondió con su defensa habitual: no abordar el estereotipo activado sino desviar la atención hacia la supuesta mala fe mediática.
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El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) publicó una imagen con un jinete a caballo y un bombardero B-2 volando sobre él, acompañada por la frase: “Volveremos a tener nuestro hogar”, frase casi idéntica a la letra de una canción vinculada al Mannerbund, grupo folclórico extremista inspirado en el movimiento etnonacionalista alemán Völkisch: “Oh, por Dios, volveremos a tener nuestro hogar”.
Previamente, el DHS había compartido otra imagen con la frase: “¿Qué camino, hombre americano?”, aludiendo al libro ¿Qué camino, hombre occidental?, escrito por el neonazi fallecido William Gayley Simpson y publicado por National Vanguard Books, editorial vinculada a la extrema derecha.
Trump ha usado expresiones similares a las del nazismo, como cuando afirmó que los migrantes están “envenenando la sangre de nuestro país”. Los medios recordaron que ese término fue empleado por Hitler en Mein Kampf (Mi Lucha) para afirmar que “todas las grandes culturas del pasado perecieron solamente porque la raza creativa original murió por envenenamiento de sangre”.
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Álvarez advierte: “Cuando se instala la idea de que un grupo ‘contamina’ o ‘infecta’ a la nación, usualmente sigue la promesa de limpieza: expulsar, prohibir, castigar o eliminar derechos; eso hemos estado viendo en Minneapolis, Los Ángeles y Chicago”.
Según el historiador, esta administración logra tres objetivos con el uso constante de estos símbolos: primero, fortalece la identidad y disciplina interna dentro del movimiento MAGA (Make America Great Again), pues convierte la política en un enfrentamiento entre ‘nosotros contra ellos’ y eleva el tono combativo; segundo, envía mensajes dobles donde la mayoría puede pensar que se trata solo de un error pero las minorías radicales lo interpretan como una señal y sentido de pertenencia; tercero, desplaza los límites sobre lo aceptable porque “cada escándalo que termina solo con una excusa reduce el costo para repetirlo, normaliza el lenguaje deshumanizador y deja a la oposición reaccionando ante provocaciones en lugar de controlar la agenda”, concluye Álvarez.
Este contenido fue hecho con la asistencia de una inteligencia artificial y contó con la revisión del editor/periodista.








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